Lo vi un día al pasar por una avenida. Estaba sentado en la vereda con un libro abierto en las manos y entre las piernas su cabeza baja, su mirada concentrada: estaba leyendo con tanta atención que parecía no sentir los rayos solares en pleno cenit, ahí inmóvil, al lado de él periódicos, trapos, ropa, botellas, cartones, simulando un pequeño techo para dormir. Me pregunto que pasó en su vida para estar en esas condiciones una persona que gusta de leer, instruida. Así en esa situación me tocó verlo en el mismo lugar, porque es paso diario para mí. Estaba bien delgado, ojeroso, sucio, pero siempre leyendo.
Un día ya no estaba. Se había cambiado a otra vereda y la recolección de objetos había aumentado y el tumulto era más grande, pero seguía leyendo con mucha concentración, y además de eso lo vi dibujando y en la pared escribía salmos, pensamientos, etc. Pienso que tiene muy buena instrucción.
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Muchas veces en las tardes y en el silencio de las noches pasa gritando, camina rápido. Es el efecto de las drogas.
Cada grito que escucho en las noches me estremece el alma. Pensar cuántos miles de jóvenes y personas adultas se encuentran sumergidos en las drogas, un vicio que daña sus mentes y corazones, que hace de ellos unos zombis y de sus vidas un laberinto, perdidos en el pozo de la destrucción física y el infortunio.
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Qué dolor tan grande para sus padres y madres de familia. El llanto de ellos silencioso y desgarrador ante esta triste situación, sin que nadie los ayude. Muchas veces los encadenan. Para la sociedad es un ciudadano, un profesional menos para la prosperidad en su país.
Cuántos jóvenes estarán en la misma situación. Qué vicio tan cruel, que borra la existencia y hace un ser sin pasado ni presente y sin futuro. Es necesario que como sociedad hagamos algo al respecto para ayudar a estas personas a cambiar el rumbo de sus vidas.
Las personas que venden drogas, que viven de este negocio caen en el más grave pecado, que es la destrucción de las vidas de jóvenes que están luchando por encontrar y cumplir sus sueños, su vida.
En estos momentos, cuántos profesionales menos hay por el consumo de las drogas: un maestro, un doctor, un pintor, un comerciante, un artista, un lector, un padre, una madre o un hijo.
Esta triste situación merece la atención de centros especializados en tratamientos a personas con consumos problemáticos de alcohol y otras drogas.
A pesar de que el presidente Noboa está combatiendo con mano firme el ingreso de la droga, falta mucho por hacer. Vemos cómo se les da dinero a los políticos para gastos en propaganda política, anuncios publicitarios; ese dinero serviría para las instituciones particulares dirigidas por personas de gran corazón cuyo objetivo es el servicio a los demás. Son pocas pero hay en algunos pueblos. Esto serviría para implementar actividades de prevención, seguimiento, rescate de tantos jóvenes que lo necesitan. Estamos conscientes de que la tarea es dura, pero con amor y virtud la ayuda llega. (O)
Alicia de Jesús Carriel Salazar, docente jubilada, Guayaquil