El coctel de la violencia contra la mujer empieza con las caricias pastusas, coscorrones, golpes sutiles, gritos con ofensas, intolerancia, celos compulsivos, misoginia, racismo, agresión física verbal y quitarle la vida. El femicidio, el producto del machismo. En esta vorágine de “incivilizados”, una voz denuncia la violencia contra la mujer y clama por un humanismo para detener el flagelo de los femicidios.

Misoginia, siempre

En la obra Corazones rotos, Julieta Falconí Samaniego señala, con angustia, que el delito de femicidio es una de las formas extremas de violencia que pueden sufrir las mujeres. La violencia de género contra las mujeres y los femicidios son una epidemia que alcanza todo el territorio. Según la autora, todas las mujeres son potenciales víctimas de femicidio.

En el libro, Falconí Samaniego cita testimonios en su investigación, cuatro casos que conmovieron los cimientos de la opinión pública y la familia.

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Un caso fue el de Karina, de 20 años: un femicidio grupal. Este impulsó la tipificación del femicidio en Ecuador, que establece para este delito cárcel de 26 años.

Caso Paulina Gallo: dos individuos podrían enfrentar cargos por femicidio

Otro caso mencionado fue el de Sharon la Hechicera, la hermosa y afamada artista, muy querida por los ecuatorianos. Fue uno de los más mediáticos. Su trágica muerte estremeció al pueblo ante la infausta noticia.

El tercer caso fue el de Belén, la abogada de 34 años que falleció en la Escuela de la Policía Nacional. Su esposo, el autor de este atroz femicidio.

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Y el cuarto caso fue el de Diana, un trágico suceso en Ibarra. Espectadores y 30 policías impotentes ante el femicida. El autor fue un extranjero, celópata, antisocial, que cegó la vida de la mujer a quien juró amor.

Las mariposas, a propósito de femicidios

Con la publicación de Corazones rotos, Julieta Falconí Samaniego busca con primacía reflexionar sobre esta dolorosa problemática social. También, un recordatorio sobre el rol de la familia en la formación de los niños, tratando de erradicar el machismo, fuente de donde se nutre el futuro femicida. (O)

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Raúl Víctor Manuel Zambrano Sarango, Quito