El ser humano es el ser vivo racional más dependiente de los seres vivos desde su nacimiento. Depende de su madre por cuanto no puede alimentarse por sí mismo, depende de sus padres por cuanto no sabe ni puede caminar, comer..., hasta que aprende a hacerlo por sí solo. Depende de ellos por cuanto desconoce el peligro que le rodea dentro de su casa y más fuera de ella.

Nuestra Constitución vigente ampara la vida desde la concepción, por lo tanto el Estado ecuatoriano hizo lo contrario al despenalizar el aborto, en caso de violación, que en palabras certeras es un crimen. El aborto como mecanismo ginecoobstétrico es inhumano para el ser (niño) cuya vida se termina extrayéndolo del vientre a pedazos; un reguero de sangre. Y para la madre es una situación psicológica determinante por un hecho deseado que no es fácil de olvidar, da mucha depresión.

Seamos defensores de la vida. No nos dejemos engañar. El número de abortos que se realizan en el mundo serán unos 70 millones, según reza una leyenda en algún lugar del cementerio Parques de la Paz, en el sector La Aurora, vía Samborondón. No es razón suficiente lo alegado por quienes bogan en favor del aborto como ‘un derecho de la mujer’, -que no lo es dado porque también está el derecho del bebé-. El hecho cierto de que en el Ecuador se practicaba el aborto secretamente en casas de salud, ahora ya no es secreto, ya todas pueden ir al hospital a abortar porque ya es una “conquista social y se ha logrado la igualdad social entre las mujeres pobres y ricas”..., opinan los que apoyan el aborto. Ni el número de abortos en el mundo ni la permisibilidad de las leyes de un Estado justifican convertir un asesinato, un hecho delictivo, en un bien social e igualitario. Luchemos por la vida y no aceptar la imposición de la muerte de niños. (O)

Sucre Calderón Calderón, abogado, av. Samborondón