En un momento en el que tanto desprestigio guarda la política y, de manera bizarra, se carga aún más culpa a las organizaciones políticas, quiero ofrendar estas breves letras que, una vez consumadas, se vuelven graves notas de libertad.
Esa libertad plenipotenciaria que resguarda todo criterio, toda autoría, pero sobre todo, toda intención.
La condición propia de percibirse libres confluye y eclosiona en el pluralismo ideológico: libertad plena de crear, de creer, de predicar y de hacer proselitismo. Voluntad máxima de un sistema democrático.
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Esta carta es para usted, lector, que se mofa del circo de representación constituido institucionalmente, porque no hay argumento que defienda tal desfachatez.
Pero usted, amigo lector, ha coadyuvado a tal bizarra experiencia –corrijo, bizarra representación–.
Y ahora voy con lo fundamental: ser parte de una organización requiere voluntad, pero sobre todo identidad. Uno no representa, ni considera representar, algo de lo que no es parte. La modernidad líquida nos ha disuelto en la inmediatez, en esa coyuntura apresurada de representar algo sin saber qué (solo por la foto del carné); buscando el título (autoridad) antes que entender el “para quién” (la patria).
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Hoy, las instituciones convocadas a blindar la democracia mantienen soldados de la inmediatez; no hay legado que defender ni futuro que construir.
Porque todos los caminos llevan a Roma: unos por la izquierda, otros por la derecha y otros que ni siquiera emprenden el camino.
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Pero ustedes han decidido caminar. Que la cosecha pronta jamás vicie su andar en un momento en que los vejámenes han malinterpretado el significado de copartidario (compañero). Ya verán ustedes qué camino optan: si como la derecha que aprieta o la izquierda que libera. Retomo la libertad; no la circunstancial, sino la democrática.
Cualquiera que sea el camino, se recorre entre compañeros; de esos que sostienen un ideal, una premisa próxima a ser constituida en verdad.
A los amigos uno se los encuentra en la vida, pero su grado superior es el ser compañero. Compañeros que no exteriorizan, que no hacen públicas difamaciones, que contraponen ideas, pero jamás denostan. Ser compañero no es solo coincidir en la vida; es coincidir en espacios, ideología, idearios y propósitos. Y eso, si no se respeta, es traicionarse a uno mismo, al partido y a la patria. (O)
Elvis Herrera Cadena, consultor comunicacional estratégico, Quito
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