Recordando la historia y los momentos críticos de la frontera de la patria, en 1967, hubo una sequía horrorosa que obligó a muchos a emigrar a otras naciones del mundo y a otros lugares del Ecuador, en esa entonces el presidente Otto Arosemena Gómez entregó a la municipalidad recursos especiales para que se entreguen alimentos a los macareños que resistieron este embate de la naturaleza. En 1981, en el conflicto armado de Paquisha, Mayaicu y Machinaza, el presidente Jaime Roldós Aguilera me entregó, como presidente de la municipalidad de Macará cinco camiones llenos de alimentos para entregar a la población que ante el temor de un bombardeo de la Fuerza Aérea peruana, habían emigrado a lugares seguros en la parte rural. Estos alimentos fueron ubicados en el Colegio de las Hermanas Marianitas y entregados en vehículos municipales y particulares que colaboraban con los hermanos maristas presididos por el hermano Crescencio Rodríguez, además de donaciones de ecuatorianos patriotas
que hicieron llegar de diferentes lugares del país. También ayudamos al glorioso
Batallón de Infantería 21 Macará, que estaba listo para defender la patria.
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En 1995, en la Guerra del Cenepa, la primera dama, Josefina Villalobos, visitó Loja y el presidente Sixto Durán-Ballén hizo llegar su aporte para el pueblo de Macará.
Entre 2020 y 2022, igual, se cerró la frontera, dos años, pero hubo apoyo del presidente Guillermo Lasso, con las rentas al día, aunque recortadas un 30 %, y colaboración de organismos internacionales y del Consejo Provincial, el Municipio repartió más de 15.000 raciones alimenticias a los pobres y miles de mascarillas y artículos de salud, así como se apoyó al hospital, para salvar vidas
Hoy, en 2026, la frontera entre Ecuador y Perú lleva cerrada más de 40 días, generando un impacto significativo en la economía del cantón Macará. Esta región fronteriza se caracteriza por una economía interdependiente, donde tanto ecuatorianos como peruanos contribuyen al flujo comercial diario. El cierre ha afectado a diversos sectores, incluyendo consultorios médicos privados que solían atender a numerosos pacientes peruanos, farmacias, bodegas de productos de primera necesidad, taxistas
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que transportaban pasajeros hasta el puente internacional, cambiadores de moneda ambulantes y muchos comerciantes más… la realidad es que esta situación es insostenible para la economía local a largo plazo. Muchos comerciantes peruanos solían cruzar a Macará para vender sus productos, generando un intercambio económico vital para ambas naciones. El cierre ha obligado a muchos a buscar rutas clandestinas para continuar con sus actividades, lo que puede incrementar riesgos y costos.
El Gobierno anunció el cierre de la frontera como una medida para combatir el crimen organizado. Sin embargo, muchos residentes de Macará argumentan que el índice de delincuencia en su cantón no justifica una medida tan drástica. La percepción de seguridad no ha mejorado significativamente y las rutas ilegales solo han proliferado, sugiriendo que el cierre podría no estar alcanzando su objetivo principal. Mientras que la intención de las autoridades es comprensible, es crucial reconsiderar el impacto económico y social de la medida. La apertura de la frontera podría revitalizar la economía local, permitiendo que Macará y sus vecinos peruanos continúen con el intercambio comercial que tanto beneficia a ambas partes. Algunos datos tomados de la revista Arroz Macareño, debidamente autorizado.
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Presidente Noboa, rectifique, en vez de ayudar tiene a los municipios cuatro meses sin los aportes que manda la Ley de Equidad Territorial, en la frontera sur, en Macará, Zapotillo y Espíndola no existe ningún peligro de tráfico de armas, ni de personas, ni de drogas, reabra la frontera y ayude a nuestros pueblos que han cumplido con el deber sagrado de cuidar el país. (O)
Alfredo Suquilanda Valdivieso, doctor en jurisprudencia, Quito


















