​Se abren las celdas en Venezuela para que corra el aire limpio y para liberar a aquellas personas que estaban presas por anteponer la libertad y la dignidad intransferible del ser humano a su propio bienestar. Es de justicia universal erradicar este “agujero negro” de la sociedad que nos engulle. La gente de paz debe alegrarse por este hecho, aunque bien se sabe que los candados seguirán cerrados en otros centros de reclusión del mundo. Al menos por ahora, quienes sufrían presos por sus opiniones políticas podrán abrazar a sus seres queridos a corazón abierto. (O)

Jesús Sánchez-Ajofrín Reverte, Albacete, España