El cómo Estados Unidos ejecutó la madrugada del sábado 3 de enero el ataque militar en Caracas, y dos estados cercanos, Aragua y La Guaira, que concluyó con la detención de quien hace un año juró como mandatario, Nicolás Maduro, y su esposa Cilia Flores sigue generando debates y surgen datos interesantes que hoy, en lo particular, compartiremos sobre los “Night Stalkers” y los aviones ‘Growler’.
Muchos se preguntan: ¿qué pasó con el sistema de defensas de la capital de Venezuela?, ¿las derribaron?
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Qué son los Night Stalkers
Los “Night Stalkers” -acechadores de la noche- es la “unidad conocida como 160th SOAR (Special Operations Aviation Regiment/Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales)”, señalan en las redes de México Aeroespacial y Defensa.
Indican que los “Night Stalkers” participaron con helicópteros MH-60M, MH-60M DAP y MH-47G, “aeronaves que seguramente fueron las encargadas de infiltrar y exfiltrar a las secciones de asalto de operadores especiales norteamericanos en sus objetivos en Caracas”.
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Desde Zona Militar informan que uno de los tantos elementos de operaciones especiales de Estados Unidos que tomaron parte del reciente ataque a Venezuela fueron los “Night Stalkers”.
Lo sostienen porque con “la viralización” de diversas secuencias “se pudo apreciar la participación de sus helicópteros MH-60M, MH-60M DAP y MH-47G”.
Los aviones ‘Growler’
Fede Supervielle, escritor y marino de guerra, señala que los Night Stalkers del 160 SOAR se están llevando todo el mérito por infiltrarse, pero sale a presentar lo que hicieron los aviones Growler.
Los Growlers, una serie de aviones de 2008 cuya popularidad ha resurgido en la guerra de Ucrania, se especializan en la guerra electrónica, localizando radares enemigos e interfiriéndolos, publican en Nueva York Post.
Añade el medio que el avión, “que lleva grandes cápsulas bajo sus alas y vientre para detectar señales enemigas, también lleva misiles antirradiación que pueden detectar y destruir radares extranjeros”.
Señala Supervielle que en una operación como la inserción de helicópteros en Venezuela, el objetivo inicial “no es derribar las defensas, lo que ya daría pistas al enemigo”.
El fin es “entenderlas”. Es decir: “Saber qué radares hay, cómo funcionan, cuándo emiten y cómo reaccionan.
Afirma en la red X que los vuelos de las últimas semanas y meses no eran para mostrar fuerza o provocar.
Explica el marino de guerra que “estaban usando las medidas de apoyo electrónico (ESM): escuchar sin emitir, interceptar sin delatarse. Orejas de radares, para entendernos, ‘cartografían’ el entorno electromagnético”.
De acuerdo con Supervielle, “cada radar tiene una firma: frecuencia, PRF, ancho de pulso, patrón de barrido. No es ruido: es información. Y bien procesada, permite saber qué sistema es, qué puede hacer y dónde está”.
Cada vez que transmite un radar, está hablando. Y alguien está escuchando, dice.
Con esa información, “se puede responder preguntas clave: ¿Dónde están las defensas aéreas? ¿Qué potencia tienen? ¿Siempre están transmitiendo? ¿Hay zonas sin cobertura? También se extrae información para poder atacarlas —electrónicamente— más adelante. Cegarlas o engañarlas”.
Qué pasa el día del asalto
Según Supervielle, “llegado el día del asalto, empieza la segunda fase… negar al enemigo el uso del espectro. Entra en juego el ataque electrónico”.
No se trata de “apagar” todo. Piensa que hacerlo “es burdo y fácilmente detectable. Se trata de inutilizar lo justo, cuando hace falta, de la forma adecuada”.
La guerra electrónica
La guerra electrónica, a menudo, es más decisiva que el ataque cinético. No destruye sistemas porque no lo necesita, opina el marino de guerra.
“Las explosiones que vimos la madrugada del día 3 se dieron en los lugares que, por alguna razón, no se pudieron neutralizar con guerra electrónica”, agrega.
Para el experto, “la guerra electrónica exige preparación, doctrina y operadores bien adiestrados. No es magia. Es técnica, conocimiento y entrenamiento”.
La operación ha tenido éxito no por la sorpresa, sino porque el enemigo nunca supo realmente qué estaba pasando, asevera.
“Hay quien dice que una parte del ejército venezolano los dejó pasar. Puede. Pero no todo. Esa es la magia de la guerra electrónica, que el que no la entiende no sabe lo que ha pasado”, opina Supervielle. (I)