El programa del caza furtivo J-20 refleja la estrategia de China de priorizar la producción masiva para alcanzar superioridad aérea frente a Estados Unidos. Estimaciones actuales indican que el país podría fabricar hasta 120 aviones por año, lo que permitiría superar el ritmo estadounidense de cazas de quinta generación y reforzar rápidamente su flota.
De acuerdo a 1945, este avión, que fue desarrollado por Chengdu Aircraft Industry Group, marcó hitos importantes: fue el primer caza furtivo de quinta generación operativo de China, así como el primer modelo furtivo no estadounidense producido en serie y el primero con variante biplaza. Sin embargo, evaluar con precisión sus capacidades sigue siendo complejo por la limitada información disponible.
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La apuesta de China
Análisis basados en fuentes abiertas señalan que China está apostando por la escala industrial: investigaciones del Royal United Services Institute destacan que, aunque los cazas furtivos chinos pueden estar por detrás en calidad respecto a sus rivales occidentales, su producción acelerada está aumentando rápidamente la proporción de aeronaves avanzadas dentro de la fuerza aérea del gigante asiático.
Las proyecciones sugieren que para 2030 la Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación podría operar alrededor de 1.000 J-20 y cientos de cazas avanzados adicionales, sustituyendo modelos más antiguos, un cambio que refleja la transición hacia cazas pesados furtivos y una modernización estructural que también apunta al desarrollo futuro de aeronaves de sexta generación.
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Un informe del Mitchell Institute for Aerospace Studies coincide con esta tendencia y afirma que la adquisición china de aviones de quinta generación podría triplicar la de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. No obstante, advierte que la disponibilidad operativa real depende de factores como mantenimiento y preparación para el combate.
A pesar del impresionante volumen de producción, persiste un desafío clave: la confiabilidad de los motores, y es que expertos del sector señalan que los motores chinos requieren revisiones tras cientos de horas de vuelo, mientras que los occidentales pueden operar miles antes de mantenimiento mayor.
Aun así, el enorme potencial industrial de China podría compensar estas limitaciones mediante superioridad numérica y capacidad de reposición rápida en caso de conflicto.
(I)
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