El cuerpo de un hombre de 89 años que murió hace tres meses en un asilo recién fue enterrado recién este jueves en el cementerio de Lomas de Sargentillo.

Permaneció cuatro días siendo velado en una vivienda de la manzana 734 de la cooperativa Nueva Prosperina, en el noroeste de Guayaquil, hasta que los vecinos empezaron a protestar por el mal olor del cadáver en descomposición.

El cuerpo estuvo en la morgue durante casi tres meses pues en la institución donde murió no podían contactarse con los familiares del adulto mayor para informarles del fallecimiento.

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Su familia fue notificada a penas la semana anterior y retiraron el cuerpo pero aseguraron que tras recorrer durante algunos días los cementerios de la ciudad, no habrían encontrado un espacio disponible para la sepultura.

Mientras tanto, el cuerpo en descomposición estaba en la sala de la humilde casa donde vivía la hija del fallecido.

El féretro debió ser embalado con plástico para evitar el mal olor, a pesar de eso el ambiente era insoportable.

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Tal era la situación que los familiares pusieron lavacaras bajo la caja de madera para que ahí cayeran los líquidos.

Ante la protesta de los moradores del sector, este jueves los familiares alquilaron un camioneta y se llevaron el féretro a Nobol en busca de un espacio en el cementerio de esa localidad pero finalmente terminaron enterrando al adulto mayor en el cementerio de Lomas de Sargentillo.

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Los vecinos debieron realizar una colecta para ayudar a la familia a llevarse el cadáver. Ellos contaron que también reunieron el dinero necesario hace unos años para llevar al hombre al asilo porque su familia no estaba en condiciones para cuidarlo.(I)