Cuando llega diciembre, llega el caos. No es que Quito haya sido ordenada antes, pero los festejos -endulzados, además, por las previas navideñas y de fin de año- agitan las actividades a todo nivel. En oficinas, colegios, universidades, empresas privadas, instituciones públicas... la mitad de la atención está puesta en cumplir las responsabilidades y la otra en cómo saltárselas. No es un asunto de empleados rasos, también entran en el juego jefes, directores, supervisores o gerentes. Pecar y no pecar dejan de ser excluyentes cuando la agenda de fiestas obliga a encontrar la manera de hacer ambas cosas.
















