Una exhaustiva investigación que reveló que 300 curas católicos abusaron al menos de mil niños en Pensilvania aumenta la presión en EE.UU. para endurecer las leyes y aplicarlas a los líderes de la Iglesia que encubrieron estos crímenes durante décadas.

Para evitar nuevos abusos, el informe recomienda endurecer las leyes para obligar al liderazgo de la Iglesia a reportar los crímenes, eliminar el límite de tiempo máximo para denunciar todos los casos de abuso sexual de un menor y alargar el plazo para que las víctimas puedan exigir indemnizaciones.

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“Espero que como resultado del informe el liderazgo de la Iglesia católica comience a estudiar en serio la manera de responsabilizar a los obispos, que no cometían abusos pero transferían a los curas abusadores” de una diócesis a otra, dijo Lisa Fullam, profesora de Teología Moral de la Universidad de Santa Clara, en California.

La llamada “Carta de Dallas”, aprobada por los obispos católicos estadounidenses en 2002 tras el estallido del escándalo de abuso sexual de menores por parte de sacerdotes en Boston, fue un avance para intentar disciplinar a los abusadores. Pero solo se aplica a los sacerdotes, no a los obispos.

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La ley debería “aplicarse muy claramente” a los casos de encubrimiento, estima Leon Podles, quien es autor del libro Sacrilegio: abuso sexual en la Iglesia católica.

En tanto, el fiscal Emiliano Arias, que centraliza las investigaciones por encubrimiento de religiosos que abusaron sexualmente de menores en Chile, tiene en la mira a varios obispos, después de imputar al cardenal y arzobispo de Santiago Ricardo Ezzati. (I)