Se levantó como todos los días y abrió la puerta de la vulcanizadora Jesús y sus tigres, donde trabaja, en la tercera etapa de Los Vergeles, norte de Guayaquil, para recibir a los clientes. Al encender la luz divisó que el hijo adolescente del dueño estaba rígido, sin movimiento, y que tenía espuma en la boca, le contó el hombre a la Policía.













