No solo por estricto acatamiento a las disposiciones del Ministerio de Salud, cuyo incumplimiento podría ocasionarles multas y hasta clausuras, sino también por elemental humanismo y el compromiso adquirido con sus vecinos y clientes en general, las boticas y farmacias que funcionaron en el Guayaquil del siglo pasado observaron fielmente y sin excusas la obligación de hacer ‘turno’, cada ciertos días del mes, trimestre, etcétera, según el calendario elaborado por las autoridades que exigían que se cumpliera el reglamento.















