De ollas humeantes salían el olor de pollo y gallina cuyos platos en modalidad de seco era disfrutado por comensales a la orilla del río, en Salitre. Así, decenas de familias buscaron desestresarse del trajín citadino. Buscaron la naturaleza y llegaron al balneario de Santa Marianita, donde se agolparon bajo las sombrillas.












