Karla Morales Rosales: ‘Yo me siento mitad manabita’

‘Yo me siento mitad manabita’
‘Yo me siento mitad manabita’
Karla, en el centro de acopio que montó en el club de la urb. Terra Nostra, donde vive. Víctor Serrano
28 de Abril, 2016
28 Abr 2016

Con experiencias de trabajo en cruzadas humanitarias en México, Colombia y Perú, Karla Morales Rosales, abogada guayaquileña, de 29 años, sabía que algo tenía que hacer ella ante los damnificados, destrozos y tragedias que dejó el terremoto del sábado 16 de abril, que afectó mayormente a Manabí, de donde es oriunda su madre, Martha Rosales, y donde viven todas sus tías. “Yo me siento mitad manabita”.

Desde el centro de acopio que montó en el club de la urbanización Terra Nostra, donde vive, recuerda que escribió un primer tuit la misma noche pidiendo ayuda para los damnificados ya que ella viajaba el domingo 17, a las dos de la tarde a Manabí llevando la ayuda. Su esposo, el argentino Ezequiel Castro, bombero voluntario especializado en estructuras colapsadas viajó a Manabí esa madrugada.

“Eran las nueve de la mañana y me senté en la vereda de mi casa a esperar las donaciones. Llegó uno, después dos y así fueron muchos, yo pensaba viajar con un camión ese día y viajé con 28”, dice ella, delgada, menudita, no pasa del 1,50m.

Desde entonces se han hecho 198 viajes con donaciones, entre camiones tráileres y contenedores, y 80 vuelos de avionetas. Hasta el jueves, la ayuda desde el centro de acopio estaba avalada en unos 3 millones de dólares, dice.

Las donaciones no han sido solo en productos y equipos, también en efectivo. “Es una gran responsabilidad esa confianza puesta en mí”, expresa Karla, que va y viene de Manabí y que recuerda que fueron los primeros en llegar el domingo 17 a Canoa, encontrando un escenario de dolor, “los muertos en el parque, gente saliendo de la oscuridad a pedirte cosas”.

La ayuda no solo ha venido de la sociedad civil y la empresa privada, el Municipio de Quito la buscó para colaborar con la asistencia sanitaria y el Municipio de Guayaquil la ayudó con donaciones para 190 familias en una montaña. “Que me busquen me alegra porque significa que hemos hecho un buen trabajo, pero me sorprende porque yo debería sumarme al trabajo de ellos, no al revés”, dice con sencillez Karla, con experiencia de trabajo en organismos internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y en Naciones Unidas.

Precisamente gracias a sus contactos el domingo pasado llegaron 30 médicos de la Patrulla Aérea Civil colombiana, una organización privada sin fines de lucro.

Karla, que empezó una de las primeras cruzadas humanitarias desde la sociedad civil, también ha recibido, a través de su cuenta de Twitter @karlamoralesr, una serie de comentarios negativos y hasta insultos de tuiteros afines al Gobierno que la acusan de buscar protagonismo y de estar aupada por la oposición. Pero, asimismo, son más los comentarios positivos que recibe de apoyo a su gestión por los miles de seguidores que tiene. De 7 mil seguidores antes del terremoto ahora pasan de 23 mil.

“No he leído todo lo que han escrito de mí, estoy demasiado ocupada llevando ayuda. Además no entiendo por qué me atacan si estoy trabajando con ellos. Me llamó Luis Valverde, el viceministro del Magap (Ministerio de Agricultura, Ganadería, Acuacultura y Pesca) que trabaja conjuntamente con nosotros en San Vicente y quien me aclaró que no había ninguna disposición para que los militares confisquen donaciones”. Añade que también la llamó personal de la Cancillería para ayudar en la entrega de filtros de agua donados a su cruzada. “A nadie le he dicho: no me ayuden”.

En San Vicente, donde está el otro centro de acopio dirigido por su esposo, recuerda que “se nos acercó el coronel Gómez, del Ejército, encargado de esa zona, y nos pidió que le enseñáramos cómo trabajábamos y literalmente se nos quitó el sombrero; desde entonces trabaja con nostros”.

Karla, que es la hija mayor del periodista deportivo Carlos Víctor Morales, aclara que no pertenece a ningún partido político, y dice que las críticas hacia ella no son recientes. Como columnista de los diarios El País y el Huffington Post, dice ella que ha resaltado las obras del Gobierno, pero que también ha cuestionado las cosas malas.

Sabe que el trabajo es largo y el suyo no se limita entregar donaciones; está creando un banco de empleo para los damnificados y con sus voluntarios (más de 600) ofrecen talleres que les pueden servir como forma de ingreso.

“Hay que reconocer que si hay una población con sentido de pertenencia y raíces arraigadas es la de Manabí, donde la gente no dice soy de Chone, soy de Bahía, ellos dicen soy manaba, soy manabita. Es una población que tiene muy enraizada su cultura, su forma de vivir, es fácil decir que hay que reubicarlos, pero no será fácil sacarlos; las autoridades tienen que hacer un trabajo participativo e incluyente, que salga de la propia población”. (I)

No he leído todo lo que han escrito de mí, estoy demasiado ocupada llevando ayuda. Además no entiendo por qué me atacan si estoy trabajando con ellos (funcionarios de Gobierno)”.

Karla Morales Rosales: ‘Yo me siento mitad manabita’
Viva
2016-04-28T00:00:21-05:00
Su convocatoria por Twitter se convirtió en la primera cruzada de la sociedad civil para los damnificados del terremoto.
El Universo