El graznido de un pato, que anda libremente, es el único sonido que se escucha al ingresar a la comuna Solfos. Pese a encontrarse a 500 metros de la autopista Narcisa de Jesús y junto a la urbanización La Perla, el ruido de los vehículos no perturba a los cerca de 200 miembros, en su mayoría, de la familia Pinela que residen en estos predios desde 1826.

Su presencia se hizo más visible la semana pasada, cuando se hicieron públicos los estudios de los puentes que unirán a Guayaquil con Samborondón y Daule. Justo, el viaducto hacia este último cantón pasará por esta comuna. Al frente, de lado de Daule, desemboca a la altura de la urbanización La Joya.

En un terreno anexo, en donde se construirá la urbanización Ceibos del Río, existen unos puntos que marcó la consultora Asociación Puente Guasamda, cuando hizo los estudios.

Según Jorge Pinela, uno de los seis hermanos propietarios de los terrenos de la comuna, ya hubo una propuesta de ubicación del puente a la altura de Mucho Lote 2, pero ahora considera que se afectará directamente a Solfos.

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“El primero que estuvo por acá fue Mauricio Pinela. Hay escrituras de 1826 que dicen que empezaba en el cerro Colorado”, cuenta Jorge, el único que acepta hablar con este Diario, pues dice que tienen abogados y ellos son los portavoces, pues temen ser desalojados por la ejecución del viaducto.

El caserío tiene 22 viviendas a las que ahora se ingresa por una vía asfaltada por el Municipio hace seis meses, pero que muere en el límite comunal. En el interior hay una vía de tierra.

Allí solo quedan campos resecos donde hace años los comuneros sembraban arroz. La modernidad vecina hizo que esta familia cambie de oficio con el paso del tiempo, ya que el humo que se desprendía al quemar los campos para poder arar comenzó a molestar a las urbanizaciones que se construían.

Estas mismas quejas recibieron hasta hace 15 años cuando dejaron de elaborar ladrillos de barro. Este caserío fue un referente en la venta de este material y las volquetas llegaban por un sendero desde Pascuales.

“Antes era maravilloso vivir aquí, porque se sembraba el arroz y cuando ya se estaba cosechando quedaban unas pozas. Ahí se quedaba el pescado. Uno revolvía el agua y con un palito se les pegaba en la cabeza”, recuerda Pinela.

Este panorama ha cambiado notablemente. Los miembros de esta familia han tenido que cambiar sus actividades y cada vez son menos los que salen a pescar en el río Daule.

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“Unos dan servicios prestados a la construcción y a la fabricación de bloques. Otros trabajan en Pascuales y en otros cantones”, manifiesta Pinela, quien vende bloques.

Mientras los niños tratan de bajar los mangos y ciruelas de los árboles cercanos, Pinela muestra los tanques donde almacenan el agua. Este es uno de los servicios que no tienen. Tampoco hay líneas telefónicas y tan solo tienen postes que les brindan energía eléctrica, mas no alumbrado por las noches.

Con una frágil cerca impiden el paso de los visitantes. Una capilla y una iglesia evangélica completan los servicios.

“Aún las cosas no están bien claras, aún no nos han dicho qué van a hacer. Esperamos que el Municipio mande una carta diciendo que quieren conversar. Directamente deben hablar con los abogados”, dice Pinela.

200 moradores residen en esta comuna de la familia Pinela

Habitantes
La quinta generación de la familia Pinela habita en el terreno de 7,5 hectáreas. Alrededor están urbanizaciones como La Joya, Ceibos del Río, Veranda, Ciudad del Río.

Obras
En abril pasado, el Municipio construyó una vía de 500 metros de longitud para unir la comuna Solfos con la autopista Narcisa de Jesús.