Llega a las faldas del cerro Santa Ana cinco minutos antes de la hora pactada, en un auto Chevrolet Aveo, el de su amigo Marcos Bolaños, quien le hace servicio de taxi. Baja con lentitud y cruza la calle Numa Pompilio apoyándose en un bastón.

Cuando se aproxima a subir al cerro, una moradora lo reconoce, saluda y abraza. Gustavo Noboa, expresidente de la República, se muestra recíproco, conversa por un momento y luego avanza.

Sentado en una banca metálica sobre el lado izquierdo de la escalinata que lleva el nombre de su tatarabuelo (el exmandatario Diego Noboa y Arteta) empieza un diálogo ameno. Es un cerro al que él le tiene cariño, porque allí también vivieron unos familiares.

A sus 77 años, el exmandatario (2000-2003) recibió la presea de la Municipalidad de Guayaquil el jueves pasado, durante la sesión solemne por los 194 años de independencia de la Perla del Pacífico. Allí, el alcalde Jaime Nebot lo destacó como un ‘guayaquileño de cepa’.

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Noboa, hijo de Luis Noboa de Icaza y Laura Bejarano, dice sentirse orgulloso de la condecoración. Es la primera que recibe de su ciudad natal. “Es un gran honor para mí. Yo creo que es el más grande de los honores que puede tener un guayaquileño”, afirma el exrector de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil.

Tras seis minutos de entrevista, el diálogo se interrumpe. Carmen Alonso, visitante manabita que baja del cerro, identifica al exmandatario y pide fotografiarlo junto a sus hijos Gustavo y Carolina.

“Chao, tocayo, pórtate bien. No hay tocayo que no sea gran persona. Chao, guapa (a Carolina) llámate Gustava para que seas gran persona”, bromea entre risas al despedirse.

Al continuar el diálogo afirma: “A Guayaquil no la para nadie”. Resalta que los guayaquileños son libres, independientes, solidarios y generosos, por naturaleza. Y estas características las posee, agrega, no solo quien nace aquí, sino también aquel que llega y se radica en el puerto porque encuentra la oportunidad de superarse.

“Aquí no soportamos ni dictadores, ni totalitarismo. Nos rebelamos siempre, las revoluciones han nacido en Guayaquil. Ese es el guayaquileño”, enfatiza el exmandatario que prevé terminar sus libros: Del arresto domiciliario a la amnistía y Diego Noboa, el primer diplomático del Ecuador, a finales del próximo año.

Noboa resalta que la ciudad ha progresado mucho y que eso la ubica entre las más importantes de América Latina.

Pero cree que una de las cosas que falta es explotar el río Guayas como medio de transporte y atractivo turístico. “El río Guayas lo tenemos desperdiciado, este río debería ser un folclor maravilloso de turismo”, recalca. Termina la entrevista y se toma la última foto con un grupo de colegiales peruanos.

Los guayaquileños fueron los que dieron el dinero para los hospitales de Guayaquil, no fue el Estado (...), por eso es que siempre tuvimos las entidades autónomas; la Cruz Roja, el Comité de Vialidad, la Autoridad Portuaria...”.Gustavo Noboa Expresidente.