Una delgada mujer vestida de un traje azul ceñido al cuerpo llama la atención al bajar del taxi con una maleta grande en la esquina del coliseo del colegio San José, en el centro de Guayaquil. Unas enormes gafas cu bren parte del rostro de la rubia de cabello corto, pero no esconden del todo los brillos góticos pintados en los ojos.