“Por mucho que lo pida, mi hijo no debería tener un smartphone”. Un niño, de corta edad, pongámosle 8 años, podrá llorar, hacer pataletas (rabietas), gritar para intentar presionar a sus padres para que le compren un teléfono celular para Navidad, pero la decisión que tome el adulto marcará la niñez de su descendiente.