Lo llamaron loco. Incluso su padre lo tachaba así, pero Oscar Marzol estaba decidido a sacar adelante la idea que lo ha movido buena parte de su vida. Para homenajear a sus progenitores, Pola y Ramón Marzol, revivir su infancia junto a ellos, lo dio todo al reconstruir el pueblo donde creció y así nació el impresionante Museo Iriarte.
Tenía 38 años cuando empezó a levantar el Museo Iriarte, en la localidad de Colonia San Ricardo, conocida como Iriarte, en la frontera de Santa Fe y Buenos Aires, informa La Nación.
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Primero, creó su propio jardín botánico. Arrancó “coleccionando árboles”, divulga al medio.
Luego halló un terreno, de 4 hectáreas, donde terminó levantando la réplica del pueblo.
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Con los años, adquirió objetos ferroviarios y agrícolas; construyó locales, una plaza, y terminó armando un “museo pueblo” que hoy cualquiera puede recorrer, explican. Se trata del Museo Iriarte.
Cuenta que adquirió un terreno justo enfrente, una casa clásica de 1900, de las primeras del pueblo.
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(…) “Empecé a juntar objetos y, para cuando quise darme cuenta, ya tenía las bases de lo que podía ser un museo”, señala.
El proyecto
Quien llega al pueblo se encuentra con una peluquería, panadería, imprenta, una estación ferroviaria, la cantina y una pulpería. Todo fue “armado a partir de objetos antiguos que adornan cada uno de esos establecimientos”.
Hay un banco y un edificio de la Municipalidad.
Destacan en La Nación que “acaban de montar una herrería y una cremería, con máquinas para hacer queso y dulce de leche”.
Instalan un puente ferroviario, que dice lo consiguió en Mendoza.
Marzol prevé incorporar una iglesia, un teatro y están por empezar un local oftalmológico.
Para “armar” el poblado fue juntando, de manera creativa, objetos que iba hallando en sus viajes.
“Hemos recorrido todo el país con amigos, siempre pasándola bien. En algunos viajes no conseguíamos nada. A veces hay que convencer a la gente, decirles que compramos no para negociar, sino para un museo”, informa Marzol.
Cable a tierra
En la actualidad, el Museo Iriarte está compuesto por casi cuatro hectáreas que se pueden recorrer a pie:” el sector de los locales, la plaza del pueblo, 14 galpones con objetos agrícolas. Hay una vía de tren, la estación y algunos vagones. La locomotora que consiguió en comodato”.
Nunca vi algo igual y con tanta continuidad. Felicitaciones a la familia. Es un pueblo dentro del pueblo.
Javier Pintos, visitante
Los padres de Marzol “son figuras centrales”: “Hay una sala de fotografías donde están los cuadros del casamiento de mis padres. En homenaje a ellos”.
Marzol opina de su museo: “Es mi cable a tierra. Siempre estuve en sociedades grandes, con reuniones, directorios, temas tensionantes. Esto -el museo- me venía bien porque me desconectaba los fines de semana de una forma especial. Eran dos mundos totalmente distintos”.
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Recorrer el Museo Iriarte es regalarse un hermoso viaje al pasado. Es impresionante lo logrado por Oscar Marzol en su afán de mantener vivo el amor hacia sus padres.
Señala que la mayor virtud de todo emprendimiento es la perseverancia. Y vaya que él tiene.
(I)