Lo llamaron loco. Incluso su padre lo tachaba así, pero Oscar Marzol estaba decidido a sacar adelante la idea que lo ha movido buena parte de su vida. Para homenajear a sus progenitores, Pola y Ramón Marzol, revivir su infancia junto a ellos, lo dio todo al reconstruir el pueblo donde creció y así nació el impresionante Museo Iriarte.