Hace doce años, una manada de lobos invadió una isla de Alaska. Un profesor universitario e investigador pensó que se irían tan pronto acabaran con los ciervos. El número de estos animales sí cayó drásticamente, pero los lobos siguen. Un cambio en el patrón alimentario, que no vio venir el experto, los mantiene en ese pequeño territorio.

Estos hechos ocurrieron en Pleasant, ubicada al sureste de Alaska.

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En esa isla de 50 km² conviven osos, ardillas y ciervos. Y, desde el 2013, lobos.

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Los lobos se irán al ver que no quedan ciervos, pensaba Taal Levi, quien es profesor asociado de ecología y gestión de vida silvestre en la Universidad Estatal de Oregón.

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Por qué se quedaron los ciervos en la isla

Lo que esperaba el investigador nunca pasó.

“Es extremadamente inusual ver a un depredador terrestre cazando a un depredador marino superior”, afirma Levi.

Y eso fue lo que sucedió. En un giro inesperado, los lobos cambiaron su fuente de alimento, explicó a Illustreret Videnskab.

Ya para el 2017 era un hecho: no había ciervos y los lobos continuaban en la isla.

Lo que hicieron estos animales cambió el pensamiento del profesor universitario: los lobos comenzaron a alimentarse de nutrias marinas.

Eso tiene su explicación, analiza, ahora Levi: cambiar su dieta “demuestra su excelente capacidad de adaptación”.

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“Nos sorprendió mucho que los lobos lograran sobrevivir y reproducirse en la isla con una dieta compuesta principalmente de nutrias marinas”, señaló Levi.

Resiliencia

En el site Experto Animal detallan lo que siempre se manejó sobre la alimentación de los lobos.

Recuerdan que el lobo es carnívoro y busca animales “de tamaño medio” cuando tiene hambre.

Además de ciervos, como los que había en esa isla de Alaska, buscan cabras, ovejas, renos, caballos, cerdos, alces y bisontes.

De igual manera, exponen que la alimentación del lobo “depende mucho del hábitat en el que se encuentre, ya que son animales con mucha capacidad de adaptación”.

Según Experto Animal, si están en un ámbito marino pueden buscar focas. Y aseguran que “en Alaska y Canadá conocen casos de lobos que han comido salmón”.

Dada la situación en la isla isla Pleasant, Levi, el catedrático universitario, tacha a los lobos como “resilientes”. (I)

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