Con precisión de sierra, pero usando un cuchillo, una mujer corta la madera que echa al horno. Los palos menos gruesos los dobla con las manos o los pisa. Todos van al mismo lugar. Ya sabe cuánto se necesita para cocinar y con fósforo los enciende.La escena se repite a diario. Te sorprenderías si te decimos que Vasilyna, como se llama esa mujer, vive sola a sus 94 años en una montaña, a 1.500 metros de altitud sin comodidades modernas… alejada de la civilización.Vasilyna es la protagonista de un hermoso documental.Fuerte como roble, la nonagenaria “es una de las últimas personas en la Tierra que vive una vida auténtica y aislada”.En un refugio que data de 1824, dicen en el material audiovisual.Su compañía se reduce a un gato y a la nieve. Imagina vivir en el fin del mundo, donde no para de nevar. Así, en medio de la nada, donde los árboles desafían las nevadas, vive Vasilyna.Visitarla es otro reto. Un camino serpenteante entre montañas. Nieve y más nieve. Al volante, nervios de acero. Para no perder el control de la camioneta, quien va a su casa, en el documental, aprendió un truco: ponerle cadenas a los neumáticos para no resbalar en la congelada vía. Quien conduce es Nazar, su nieto.Al llegar a la casa de la nonagenaria se abrazan y ella sonríe. Es la época de Pascua.El saludo al entrar lo revela: <b>- Cristo ha nacido. </b><b>-Alabemos a Cristo, </b>responde Vasilyna.Eres un chico encantador, no te esperaba, le dice.Ella diligente, al fin, va inmediatamente a tender mejor la cama.El nieto le entrega un paquete de dulces, que agradece con sonrisas la abuela.-Te traje dulces, te los regala Papá Noel.El joven “alimenta” con más madera la pequeña chimenea de la casa. Cae la tarde, la noche… Amanece y el sol, tímido, trata de imponerse.En su vivienda, Vasilyna cocina. Sirve sopa, huevos y arroz. Hay que calentar un poco el cuerpo. Fuera de la casa, el paisaje es de película… montañas con cimas coronadas por la nieve. El frío claro que es glacial.Vasilyna vuelve al horno, un viejo radio la mantiene conectada con la civilización. Mientras cocina, acerca sus manos al fuego. ‘Tengo dedos como patas de pollo’, dice.El día avanza y las condiciones climáticas mejoran para Vasilyna. Hay calor afuera, afirma.Se prepara para salir. Lava su cara “como los gatos”. Cambia sus calcetines, botas, se pone dos pantalones, luego la falda y se abriga con suéter y chaqueta. Al peinarse, canta. Se ríe de la letra de lo que canta.Ya lista para salir, toma su ‘bastón’ y se aferra de la mano del nieto. Caminan bajo la nieve, sobre la nieve.-¿No tienes frío en las manos sin guantes?, pregunta Vasilyna a Nazar.Se separan unos minutos, mientras él va por su camioneta.Ella, al pie del camino, se deleita con la hermosa nevada.Al volver, él la ayuda a subir a la camioneta. Irán a visitar a unos amigos. Uno de ellos tiene una iglesia.Llegan y de nuevo el saludo a dos hombres por la Pascua:-Cristo ha nacido-Alabado sea Cristo, le responden.Es tiempo de Pascua y Vasilyna la celebra cantando, compartiendo platos en la mesa y maravillándose con las luces que adornan un Nacimiento del Niño Dios y también a un jabalí “de peluche”.“Qué bonito es esto todo, Dios mío”, dice en la capilla.Su nieto la lleva a casa. Al despedirse, como abuela al fin le dice: “Dios te cuide de todo peligro”. Y Vasilyna queda en su casa, en su refugio bajo la nieve.Mientras el mundo de abajo se precipita hacia el futuro, ella vive en armonía, señala el documental.Esta mujer de 94 años es ejemplo de entereza y de alegría. Vive sola, ríe y canta. Vasilyna, en el “fin del mundo”, es feliz.*Aunque no destaquen el lugar donde grabaron el documental, a juzgar por la ubicación de la inagen en Instagram todo sugiere que las escenas se viven en los Montes Cárpatos. <b>(I)</b>