Se llaman Cristian Vera, de 31 años, y Victoria Pérez, de 33 años. Ambos son diseñadores gráficos y más allá de su profesión comparten una misma inclinación: trata de hacer la diferencia.
Aún sin tener recursos ni espacio han rescatado animales que de otro modo no habrían logrado sobrevivir.
Publicidad
El rescate más reciente involucra a dos cachorros, hembra y macho, de unos meses de nacidos. Aunque intentaron tenerlos en un hogar temporal las cosas no salieron como esperaban y debieron retirarlos del lugar y tenerlos consigo.
Ni Cristian ni Victoria tienen las condiciones económicas ni de espacio para quedarse con estos cachorros, porque ya viven con otros gatos y perros rescatados. Así que el reto ahora es que puedan encontrar familias donde sea amados y respetados.
Publicidad
La historia del rescate contada por sus protagonistas:
Una tarde, en plena autopista, vimos a un cachorrito cruzando una curva peligrosa, solo, desorientado. Al acercarnos, apareció otra perrita igual a él. Hermanos. Abandonados desde hacía semanas, viviendo en medio del asfalto, donde muchos no tienen segunda oportunidad.
Una noche, sin demasiada planificación ni intención heroica, decidimos dormir dentro de un vehículo para resguardar a dos cachorros que habían quedado expuestos a la calle. No fue una decisión épica; fue instintiva.
Estaban ahí, vulnerables, y nosotros también, de alguna manera. Así que nos quedamos. Acompañarlos esa noche fue una forma de actuar en coherencia con lo que creemos: que todos somos responsables de generar un cambio.
Ahora necesitan algo más: un hogar definitivo, alguien que los cuide como merecen y cierre esta historia con amor.
Rescatar animales en Venezuela es complejo. No solo por la falta de recursos, veterinarios accesibles o políticas públicas claras, sino por una desensibilización social que se ha ido normalizando con los años.
En un país atravesado por tantas urgencias humanas, la vida animal suele quedar relegada. Rescatar implica exponerse, insistir y actuar muchas veces sin respaldo.
Aun así, sentimos que algo está cambiando. Nuestra generación, pese a haber crecido en medio de la crisis, ha desarrollado una sensibilidad distinta. Tal vez porque sabemos lo que es la fragilidad. (I)