La transformación exhaustivamente documentada que llevó a cabo Frida Kahlo de artista a ícono cultural pop no es casualidad. La pintora creó meticulosamente su propia imagen, como alguna vez lo hiciera Cleopatra. Ahora es el turno de que Estados Unidos vea cómo, y, mejor aún, por qué lo hizo.Algunos de los objetos de su Casa Azul, en Ciudad de México, que compartió con su esposo, el muralista Diego Rivera, están por primera vez en Estados Unidos en Frida Kahlo: Appearances Can Be Deceiving, una exposición en el Museo Brooklyn, que estará abierta hasta el 12 de mayo.Esta es la exposición más grande dedicada a Kahlo en Estados Unidos y una iteración mucho más grande de la exposición del año pasado en el Museo de Victoria y Alberto en Londres.Los visitantes entenderán de mejor manera la habilidad que Kahlo tenía para agregar su imagen al imaginario de la sociedad, aunque eso implicara pintarse con changos alrededor de la cabeza y plasmar sus rasgos más reconocibles: sus distintivos bigote y uniceja. Ninguna de las discapacidades que sufría a causa de la poliomielitis y un accidente de autobús ni sus frecuentes recaídas de dolor desalentaron a Kahlo. Para cuando murió, a la edad de 47 años en 1954, dejó un personaje público que aún está explotándose ya entrado el siglo XXI.“Provoca una curiosidad insaciable en la gente; esta presentación es una oportunidad extraordinaria para ver cómo construyó su identidad”, dijo Catherine Morris, curadora sénior en el Elizabeth A. Sackler Center for Feminist Art, que organizó la exposición en el Museo Brooklyn con Lisa Small, curadora sénior de arte europeo. A continuación algunas de sus ideas.Ver los productos de belleza de Kahlo nos trae a la mente la idea de asombro que le inspira a un niño el tocador de su madre. “Si vemos sus imágenes, siempre tenía las manos perfectas y arreglaba con cuidado su uniceja la cual era significativa porque no se ajustaba a los estándares de belleza de Hollywood”.Kahlo, experta en usar la moda según le conviniera, llamaba la atención adondequiera que iba. Sus trajes típicos, inspirados en las tehuanas de Oaxaca, una sociedad matriarcal, se alejaban de los atuendos propuestos por los diseñadores parisinos y la producción masiva.También ayudaban a distraer la mirada de su pierna derecha, afectada por la poliomielitis, y de los corsés de yeso que debía usar debido a las muchas operaciones a las que se sometió después de su accidente casi mortal en un autobús. Con frecuencia se refería a sí misma como la gran disimuladora.Además de su atractivo femenino, la joyería tocaba en Kahlo una fibra más personal. Como sus peinados intrincados a los que añadía ornamentos y flores, sus pendientes largos y los audaces collares atraían la atención a su rostro. También eran otra manera de expresar su pasión por las artesanías mexicanas, incluyendo la joyería contemporánea de plata y los materiales como el jade. “Generalmente usaba cadenas de oro y piedras de jade mesoamericano, que agregaba a sus collares extraordinariamente voluminosos”, comentó Small.Kahlo sufrió mucho durante gran parte de su vida y la sección más conmovedora de la exposición está dedicada a su ecosistema de dispositivos médicos. Sin embargo, Kahlo no ocultaba su dolor y revelaba en su obra sus corsés de yeso y las abrazaderas de cuero con hebillas de metal, además de convertir sus corsés de yeso en arte con diseños elaborados de flores, e incluso una hoz con martillo. “Usaba esas segundas pieles como lienzos”, dijo Small.La pierna derecha de Kahlo fue amputada un año antes de su muerte en 1954. (La causa oficial de muerte fue una embolia pulmonar). “A menudo la representamos como víctima y conscientemente estamos tratando de redefinirla”, dijo Morris. “La gente la ha descrito como alguien quebrantada y frágil, pero en realidad era muy fuerte y logró muchísimas cosas en vida”.