Los agentes de la Policía Metropolitana que ejercían control del espacio público en las calles Cacique Álvarez y Ayacucho, en la Bahía de Guayaquil, centro, solicitaban reiteradamente a vendedores informales que no se tomaran las veredas.

Desplazados del punto de vigilancia, igual abrían los cartones en la acera para exhibir ropa, zapatillas, adornos navideños y artículos de bazar. Otros utilizando carretillas ofrecían cables de teléfonos y porciones de fritada.

Los agentes metropolitanos están facultados para retener la mercadería a comerciantes que desatiendan normas respecto de actividades en el espacio público. Y en ese ámbito, la mañana del domingo 8, un grupo de uniformados fue filmado subiendo una carreta de frutas a una camioneta municipal, de la que se aferraba el afectado.

La alcaldesa Cynthia Viteri dispuso sanciones, sosteniendo que los agentes fallaron en "la imagen que presentaron", pero asegurando que no hubo agresión dirigida.

Publicidad

En Cacique Álvarez y Ayacucho se produjo el incidente, que en redes sociales encendió un debate sobre el ordenamiento de la ciudad y el desaliento a las aglomeraciones (para evitar el COVID-19) versus la crisis por la pérdida de empleos por la pandemia.

"Ellos son autoridad, pero a veces abusan, meten la mano, arranchan, prácticamente es un robo lo que hacen", subrayó Vinicio Granda, oriundo de Huaquillas (El Oro), quien dijo que hace un año vende ropa en la calle, luego de que lo despidieran de un almacén de la Bahía, comentó.

Calificó de problemática social a la cantidad de expendedores informales que se toman las veredas de este sector comercial de Guayaquil y expuso que la necesidad por conseguir el pan del día y la falta de fuentes formales de empleo, los empujan a las calles.

"Yo vendo ropa y me levanto (retiro) enseguida, pero un carretillero cómo hace; el señor ya no vino, si se le llevaron la herramienta de trabajo", manifestó el ciudadano orense.

María Verónica Gualán, nativa de Colta, Chimborazo, utiliza una vetusta canasta de comisariato como mostrador de cables telefónicos y carcasas de dispositivos electrónicos.

Expuso que lleva seis meses en la calle porque su esposo enfermó y ya no puede llevar el pan. Agregó que con una ganancia de $ 10 o $ 12 al día reúne $ 120 para la renta del mes, más la compra de comida y pago de servicios básicos. Descartó roces con los metropolitanos.

Publicidad

"Nos dicen 'avancen', que no nos quedemos en un solo punto, que tapemos la mercadería, nosotros hacemos caso, pero hay extranjeros que no", dijo.

Manuel Plúas, nacido en el cantón Pedro Carbo (Guayas), comentó que lleva once años viajando a Guayaquil para vender agua. Indicó que conoce de gasfitería, pero no ha podido conseguir un empleo formal.

Jadeante por el peso de 100 botellas de agua y de bebidas hidratantes, el hombre sostuvo que la necesidad por saciar el hambre de su familia hace que trajine en la gran ciudad.

La alcaldesa Viteri ordenó un reentrenamiento para el personal metropolitano. Refirió que la actuación se desarrolla en la línea delgada entre el mantenimiento del orden con trato humanizado y procedimientos que supondrían abusos. (I)