Hoy se inicia un año lectivo inédito en la Costa y Galápagos. Se lo hace un mes y medio después de la fecha prevista, aunque 92 planteles fueron autorizados a comenzar ya hace dos semanas. Será virtual. Los niños y jóvenes no volverán a encontrarse aún, a saludarse, a jugar en los recreos. Deben conformarse con encuentros por la pantalla de una computadora o de algún equipo digital que tengan en casa.

La pandemia del COVID-19 obliga a tener un escenario diferente. No habrá clases presenciales y por ello el Ministerio de Educación denomina a este periodo escolar como ‘Aprendamos juntos en casa’. Es decir, debe tener la participación mayor del padre de familia y los elementos tecnológicos para que los alumnos participen de la enseñanza.

La ministra de Educación, Monserrat Creamer, ha señalado que esta es una oportunidad de dar salto, un cambio y que hay padres de familia optimistas. No obstante, la realidad es dura. Por la crisis económica generada por el COVID-19 ha ocasionado el cierre de una decena de planteles particulares solo en Guayaquil. Los privados también solo registran entre el 50 % y 60 % de matriculación en el mejor de los casos, pues miles de padres han perdido sus trabajos y han cambiado a sus hijos al sistema fiscal o no los educarán.

En los sectores suburbanos de Guayaquil y en el área rural de la Costa hay un problema mayor, los padres no tienen recursos para comprar una computadora, si tienen un teléfono no pueden recargar. Los chicos deben ir a buscar cibers para bajar las clases.

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Uno de los casos es el de Eliseo Cortez, que reside en la cooperativa Cañaveral (Monte Sinaí) y quien actualmente se encuentra desempleado.

Con un celular y sin una computadora, sus hijas Eliza, Melissa, Nathaly y Doménica intentarán estudiar de forma virtual el año lectivo que se inició este lunes 1 de junio.

“Nosotros aquí no tenemos nada de lo que es internet ni computadoras, solo hay un celular”, expresa con desesperación Eliseo, de 30 años.

De lunes a viernes, por las tardes, se dirige a la cancha que está en el sector y junto con su esposa, Jéssica Caiza, venden corviches, jugos y empanadas para cubrir los gastos de su hogar. “Semanalmente ganamos entre 20$ a $30. Eso lo usamos para comida y comprar agua”, manifiesta Eliseo.

Cuenta que buscará hacer un préstamo a una entidad bancaria para poder, “por lo menos”, comprar una laptop, y así sus hijas puedan tener la oportunidad de recibir sus clases en la modalidad virtual.

Tormentoso. Así define Lenny Coveña la situación que actualmente está viviendo en la cooperativa Voluntad de Dios (Monte Sinaí), una zona donde prevalece la incertidumbre.

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Al igual que su esposo, Teodoro Barboto, sufren del desempleo. Los $50 del bono y los alimentos que les hace llegar una fundación son lo único que tienen para subsistir.

La familia tiene 3 hijos, Franklin, Rafael y Heberth, y dos celulares, pero solo uno es compatible con la aplicación Zoom. “No sé cómo van a estudiar, porque a unos les toca clases por la mañana y al otro por la tarde”, dice Lenny.

El internet se une a la lista de problemas que les tocará enfrentar para recibir sus clases.

En la cooperativa Ciudad de Dios, en el noroeste de Guayaquil, se encuentra Fabiola Acuña, madre soltera de Xavier, Elías y Misael.

“He dicho que si no tengo la comodidad, ellos no van a estudiar, porque yo no tengo para celular”, admite Fabiola sobre la inscripción de sus hijos a este año lectivo.

Para tener ingresos vendía comidas a $1 en el sector de la Ladrillera, pero por el contexto actual decidió paralizarlo.

Su madre y su hermano la ayudan con los gastos.

En la cooperativa Juan Montalvo, en el norte de Guayaquil, Betty Álava desconoce cómo sus hijas Ibeth y Estephania van a recibir sus clases de manera virtual.

Hace dos semanas mandó a arreglar su computadora y con la ayuda de sus hijos mayores, que actualmente están trabajando, podrán tener internet.

El problema es el manejo de las plataformas que van a usar para recibir las clases. “Se nos va a dificultar, porque no están acostumbradas a recibir las clases por ese medio. Ese es el inconveniente”, afirma la madre de 39 años.

Estos son uno de los muchos problemas que los sectores suburbanos de Guayaquil tendrán que enfrentar para tener la oportunidad de estudiar.

El pasado 13 de abril debía empezar el año escolar y se retrasó por el virus.

La ministra de Educación dice que es un salto, por el uso de otros recursos.