La tuberculosis, históricamente conocida como la “peste blanca”, recuperó recientemente su aterrador estatus como la enfermedad infecciosa más mortal de todo el planeta, superando incluso las altísimas cifras de víctimas fatales dejadas por el Covid-19.
Cicada: la variante del COVID-19 que resurge en EE. UU. y eleva las alarmas
En Estados Unidos, los casos mantienen un alarmante incremento desde el 2020, revirtiendo 30 años de éxito sanitario. Los reportes previos han confirmado 10.260 nuevas infecciones a nivel nacional, de las cuales 967 ocurrieron en Nueva York.
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¿Por qué es grave el regreso de la “peste blanca” en Estados Unidos?
Esta letal afección bacteriana se transmite por el aire y destruye progresivamente los pulmones, generando toxinas que anulan el apetito hasta consumir el cuerpo. Sin atención médica oportuna, un solo individuo enfermo puede contagiar fácilmente a unas quince personas cercanas en un año, indicó New York Post.
El mayor riesgo de salud pública radica en las peligrosas infecciones latentes, donde la bacteria sobrevive inactiva y sin mostrar síntomas. Las autoridades médicas calculan que 13 millones de estadounidenses albergan este patógeno silencioso, el cual representa el 80% de los brotes nacionales al reactivarse.
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Detectar el mal a tiempo resulta sumamente complicado porque sus fases iniciales se confunden con una simple gripe. Los afectados sufren fiebres, sudores nocturnos intensos, fatiga extrema y una tos persistente, la cual eventualmente evoluciona hasta expulsar dolorosas flemas manchadas con sangre.
El riguroso protocolo de curación exige la ingesta diaria de un fuerte cóctel de antibióticos durante casi nueve meses ininterrumpidos. Debido a los insoportables efectos secundarios de estas pastillas, una gran cantidad de pacientes abandona el tratamiento prematuramente, creando peligrosas cepas bacterianas inmunes a los fármacos.
Esta resistencia agrava una crisis global que ya cobra 1,6 millones de vidas al año. Ante la falta de un programa de vacunación masiva en Estados Unidos, los especialistas insisten en que la detección médica temprana es la única herramienta real para frenar la mortalidad.
(I)
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