Los viajeros estadounidenses acaban de perder una protección que ni siquiera llegó a entrar en vigor. El Departamento de Transporte bajo la administración Trump suspendió una norma que obligaba a las aerolíneas a pagar hasta 775 dólares en efectivo a los pasajeros cuando los vuelos sufrieran retrasos o cancelaciones por culpa de la propia compañía, como fallas mecánicas o falta de personal.