A casi 25 años del atentado que acabó con las Torres Gemelas del World Trade Center en Nueva York, Raphael Chryslar, un ingeniero aeroespacial radicado en Inglaterra, presentó el proyecto World Tech Center (WTC).

Se trata de una visión para reconstruir las icónicas Torres Gemelas, no en Manhattan, sino en el corazón de Chicago. Pero va más allá de replicar la estética de 1973, sino evolucionar el concepto hacia un megacentro de datos y laboratorios STEM.

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Chryslar imagina un campus de 14 hectáreas compuesto por nueve edificios, un lugar para el desarrollo de la ciencia y la tecnología. El proyecto WTC tiene una fecha de inauguración proyectada para el año 2050, según Futurism.

Imagen de archivo que muestra las Torres Gemelas en llamas después del atentado del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, EE.UU. EFE/JASON SZENES. Foto: EFE

Reconstrucción de las Torres Gemelas

El rediseño prioriza la invulnerabilidad, con un núcleo de hormigón de ultra alto rendimiento. Además estaría dotado de un sistema de extinción por espuma y drones especializados en incendios.

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Sin embargo, Chryslar proyecta construir dos edificios que sean auténticas fortalezas urbanas. El aspecto más sorprendente es un sistema que contempla radares, misiles tierra-aire y armas láser para neutralizar amenazas aéreas.

Más allá de la seguridad, el uso de las torres supone un giro radical. La Torre Norte funcionaría como un núcleo para ingenieros de software y centros de datos, mientras que la Torre Sur se dedicaría a la investigación científica con salas blancas y oficinas universitarias.

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El complejo también incluye un taller de la NASA, un centro de artes escénicas y un área comercial subterránea inspirada en la estética de la película “2001: Odisea del Espacio”.

Para Chryslar, quien lleva tatuado el World Trade Center en su brazo, este proyecto es un acto de “restauración y sanación” para Estados Unidos.

La iniciativa está en su segunda fase de desarrollo, enfrenta retos logísticos y financieros, pero ya se vislumbra como una prueba de que el simbolismo arquitectónico puede adaptarse a las necesidades tecnológicas del futuro.

(I)

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