La carabela portuguesa se ha hecho notar en las playas desde Texas hasta Florida, según informa Fox Weather.
Esta pequeña pero peligrosa criatura marina, conocida por sus largos tentáculos y pólipos que se extienden hasta 30 metros, de acuerdo a AL.com, y que puede infligir una picadura dolorosa incluso semanas después de haber llegado a la costa, también ha sido vista en las playas de Fort Morgan, Alabama, donde la meteoróloga Caroline Carithers le tomó una foto.
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Según News WKRG5, Carithers los ha estado viendo aparecer en la orilla “durante toda la semana”.
La carabela portuguesa se encuentra normalmente en mares subtropicales y puede acabar en las costas del Golfo de México, e incluso en la costa sureste de Estados Unidos.
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En Pensacola Beach, los socorristas advirtieron recientemente a los bañistas sobre la presencia de animales marinos urticantes en las cercanías izando pequeñas banderas rojas y moradas, que también tenían como objetivo alertar a los nadadores sobre las condiciones peligrosas del agua.
“¡Por favor, no toquen ni recojan estos organismos; su picadura es extremadamente dolorosa!”, escribieron los socorristas en un cartel cercano.
Estas criaturas de color azul, violeta y rosa, casi translúcidas, suelen confundirse con medusas debido a su apariencia etérea y su flotabilidad similar a la de un globo, que puede elevarse hasta seis pulgadas por encima de la línea de flotación.
Pero en realidad pertenecen a una especie de sifonóforo, que está compuesta por una colonia de individuos genéticamente idénticos llamados zooides (clones) que trabajan en conjunto, cada uno con diferentes funciones, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA).
Según la NOAA, la carabela portuguesa tiene cuatro partes especializadas que cubren las tareas de flotar, capturar presas, alimentarse y reproducirse.
Si bien su picadura utiliza tentáculos para matar peces pequeños y crustáceos con los nematocistos —cápsulas microscópicas repletas de tubos venenosos, enrollados y con púas—, rara vez resulta mortal para los humanos.
Las ronchas que provoca en la piel expuesta y la dolorosa sensación de ardor no son precisamente lo que la mayoría desearía al dar un relajante paseo por la playa. (I)