Un nuevo estudio científico plantea que la aparición de los primeros continentes en la Tierra pudo ser decisiva para que la vida surgiera en el planeta.
La investigación, publicada en la revista Terra Nova, sostiene que los antiguos continentes ayudaron a regular las concentraciones de boro en los océanos primitivos, un elemento esencial para la química de la vida.
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Los autores explican que el boro es necesario para estabilizar la ribosa, un azúcar fundamental para el ARN. Sin embargo, en cantidades demasiado altas puede resultar tóxico para las células.
El problema químico de los océanos primitivos
Los científicos creen que hace más de 3.700 millones de años la Tierra estaba cubierta casi por completo por océanos y tenía una corteza dominada por basalto, una roca volcánica oscura que libera boro al agua marina.
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Según los modelos desarrollados por los investigadores, esa liberación habría elevado las concentraciones de boro a niveles incompatibles con el desarrollo de moléculas complejas necesarias para el origen de la vida.
El estudio fue liderado por Brendan Dyck, de la Universidad de Columbia Británica, y Jon Wade, de la Universidad de Oxford.
Cómo los continentes cambiaron la química del planeta
La situación habría cambiado cuando comenzaron a emerger grandes masas continentales formadas por rocas ricas en granito.
A diferencia del basalto, el granito libera elementos químicos de manera más lenta y gradual. Además, contiene minerales capaces de almacenar boro durante largos periodos.
Uno de esos minerales es la turmalina, conocida también como piedra preciosa, pero que para los geólogos funciona como un sistema natural de almacenamiento de boro.
Los investigadores descubrieron que la turmalina puede formarse gracias a otro mineral llamado mica, presente en las rocas continentales.
Ese mecanismo habría permitido estabilizar las concentraciones de boro en los océanos y mantenerlas dentro de un rango compatible con el desarrollo de moléculas biológicas.
Lo que esto podría significar para otros planetas
El estudio también plantea implicaciones para la búsqueda de vida fuera de la Tierra.
Los autores señalan que Marte contiene boro, pero principalmente asociado a rocas basálticas y no a grandes continentes graníticos como los terrestres.
Según los investigadores, eso podría haber provocado cambios químicos extremos en la superficie marciana, dificultando la estabilidad necesaria para el surgimiento de vida.
Para los expertos, la habitabilidad de un planeta no dependería únicamente de tener agua o estar a la distancia adecuada de una estrella, sino también de su evolución geológica y de la formación de continentes capaces de regular la química de su superficie. (I)