La Operación Furia Épica contra Irán dejó al descubierto un ritmo de gasto sin precedentes: Estados Unidos lanzó cerca de 400 misiles Tomahawk en apenas 72 horas, lo que, según el análisis del periodista de seguridad nacional Harrison Kass, equivale a consumir casi cinco años de producción al ritmo actual.
Según el portal 1945, los disparos provinieron de 13 destructores y submarinos de la Armada estadounidense en una fase inicial de “conmoción y pavor”.
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En este sentido, el uso masivo de estos misiles de crucero evidencia una estrategia de ataque a distancia, pero también expone la fragilidad del inventario disponible.
Un misil clave, pero escaso
El Tomahawk es una pieza clave para la primera noche de guerra: vuela a baja altitud, sigue el terreno y utiliza guía GPS/INS para impactar con precisión objetivos fijos. Además, su capacidad de ser lanzado desde sistemas VLS o tubos de torpedo permite atacar sin arriesgar pilotos ni aeronaves.
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Sin embargo, su producción es limitada, pues actualmente se fabrican alrededor de 90 unidades al año y cada misil puede tardar hasta dos años en completarse debido a componentes especializados y una base industrial reducida.
Han sido identificados tres cuellos de botella críticos: escasez de motores de cohetes sólidos, dependencia de proveedores únicos para piezas de alta precisión y líneas de producción “frías” que dificultan aumentar el ritmo rápidamente.
Este gasto acelerado no solo reduce la capacidad inmediata de disuasión, sino que podría afectar la preparación ante un eventual conflicto en el estrecho de Taiwán y retrasar entregas comprometidas con aliados estratégicos como Japón y Australia, debilitando el equilibrio militar en el Pacífico.
(I)