La pérdida acelerada de biodiversidad está obligando a los científicos a buscar nuevas formas de identificar especies antes de que desaparezcan. Un estudio reciente utilizó información genética para reconocer miles de escarabajos, incluidos ejemplares aún no descritos por la ciencia, con el objetivo de comprender mejor la diversidad en regiones tropicales amenazadas.

La investigación, publicada en Systematic Entomology, reunió datos genéticos obtenidos durante más de una década de trabajo de campo y bases de datos internacionales para construir el árbol genealógico más amplio realizado hasta ahora sobre los escarabajos de tierra o familia Carabidae.

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El resultado incluye más de 7.000 especies conocidas y potencialmente nuevas, y ofrece una herramienta para estudiar ecosistemas donde muchas formas de vida siguen sin nombre científico.

“Nuestro mundo cambia rápidamente y muchas especies se extinguen antes de ser nombradas”, explicó Beulah Garner, entomóloga y autora principal del estudio. Según la investigadora, los datos moleculares permiten detectar diversidad biológica antes de completar los procesos tradicionales de clasificación.

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Cómo funciona el código de barras genético

El método se basa en estudiar ADN de las mitocondrias, estructuras celulares encargadas de generar energía. Una sección concreta de ese material genético, conocida como “código de barras genético”, contiene diferencias suficientes para distinguir especies incluso muy cercanas entre sí.

Gracias a ello, los científicos pueden identificar organismos distintos aunque nunca hayan sido descritos oficialmente.

Los investigadores destacan que esta técnica resulta especialmente útil en selvas tropicales y otros puntos críticos de biodiversidad, donde abundan especies desconocidas y faltan especialistas dedicados a clasificarlas.

Escarabajos con adaptaciones extremas

Los escarabajos de tierra forman uno de los grupos animales más diversos del planeta, con unas 40.000 especies descritas hasta ahora.

Entre ellos existen especies ciegas adaptadas a cuevas, escarabajos bombarderos capaces de expulsar compuestos químicos defensivos y otros con cuerpos alargados y brillo metálico que viven en las copas de los árboles.

Uno de los géneros más numerosos es Agra, que podría reunir más de 1.500 especies.

Sin embargo, los expertos advierten que el número de científicos especializados en taxonomía disminuye, lo que dificulta describir formalmente nuevas especies.

Una herramienta para apoyar la conservación

Los autores esperan que combinar información genética con datos geográficos permita identificar qué ecosistemas requieren protección prioritaria.

Según Garner, entender dónde viven determinadas especies y cómo están relacionadas puede aportar evidencia útil para decisiones sobre conservación ambiental.

El estudio también subraya la importancia de las colecciones históricas de museos, que conservan ejemplares y material genético necesarios para relacionar especies conocidas con nuevos hallazgos moleculares. (I)