Un equipo internacional de científicos ha encontrado nuevas pistas que podrían cambiar la forma en que entendemos el origen del sistema solar. Se trata del cometa interestelar 3I/ATLAS, cuyo análisis sugiere que nuestro vecindario cósmico podría ser más inusual de lo que se pensaba.

El hallazgo fue posible gracias al Atacama Large Millimeter/submillimeter Array, un conjunto de 66 antenas en el desierto de Atacama, que permitió medir, por primera vez en un objeto interestelar, la presencia de aguja semipesada.

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Este tipo de agua contiene deuterio, un isótopo del hidrógeno más pesado que el habitual.

Los resultados, publicados en la revista Nature Astronomy, muestran que 3I/ATLAS contiene aproximadamente 30 veces más agua semipesada que los cometas del sistema solar. Esta proporción es incluso 40 veces mayor que la que se encuentra en los océanos de la Tierra.

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Esa diferencia no es menor. Según explicó Luis E. Salazar Manzano, este tipo de composición química solo se forma en entornos extremadamente fríos, por debajo de los 30 kelvin, es decir, alrededor de -207 grados Celsius.

Esto indica que el cometa se originó en una región mucho más fría de la galaxia que aquella donde nació el sistema solar hace unos 4.600 millones de años.

Los cometas son considerados “bolas de nieve sucia” porque conservan un registro químico del lugar donde se formaron. En el caso de 3I/ATLAS, ese registro apunta a condiciones radicalmente distintas a las de nuestro entorno.

3I/ATLAS es apenas el tercer objeto interestelar detectado atravesando el sistema solar. Su paso cerca del Sol permitió a los científicos estudiarlo en detalle, algo poco común debido a la dificultad de observar estos cuerpos.

La investigadora Teresa Paneque-Carreño explicó que cada uno de estos visitantes funciona como una cápsula del tiempo: transporta información química intacta desde su sistema de origen, lo que permite comparar cómo se forman los sistemas planetarios en distintas regiones de la galaxia. (I)