La expansión acelerada de la industria espacial está generando una preocupación creciente entre científicos atmosféricos, pues nuevas investigaciones indican que el hollín producido por cohetes como el Falcon 9 de SpaceX podría tener un efecto climático hasta 540 veces mayor que partículas similares emitidas por automóviles, barcos o plantas eléctricas.
El motivo está en el lugar donde ocurre la contaminación. Según Eloise Marais, profesora de Química Atmosférica y Calidad del Aire en el University College London, el carbono negro liberado por estos cohetes permanece entre 2,5 y 3 años en capas altas de la atmósfera.
Publicidad
“Este carbono negro se libera en regiones superiores de la atmósfera, donde permanece durante años. Por eso tiene un efecto climático unas 540 veces mayor que el carbono negro emitido desde fuentes terrestres”, explicó la investigadora.
La mayor parte de estos lanzamientos está vinculada a megaconstelaciones satelitales, redes compuestas por miles de satélites destinadas a ofrecer internet global o procesar datos desde el espacio. Entre ellas figuran proyectos como Starlink de SpaceX, además de iniciativas impulsadas por Amazon y empresas chinas.
Publicidad
El crecimiento de satélites multiplica la contaminación espacial
Actualmente hay más de 15.000 satélites operativos orbitando la Tierra, según la Agencia Espacial Europea. La cifra triplica la existente en 2020 y el principal impulsor es Starlink, que supera los 10.000 satélites.
Las proyecciones apuntan a que para 2030 podrían existir alrededor de 100.000 satélites activos.
El problema es que estas constelaciones requieren reemplazos frecuentes. Muchos satélites tienen una vida útil cercana a cinco años, lo que implica más lanzamientos y más reingresos a la atmósfera.
Mientras los lanzamientos producen carbono negro con potencial para calentar la atmósfera superior, el regreso de satélites genera óxidos de aluminio, partículas asociadas con daños a la capa de ozono.
Más contaminación que un país entero
Las estimaciones del estudio sugieren que para 2030 la industria espacial habrá liberado más sustancias con capacidad de alterar el clima que todas las emisiones equivalentes generadas por Reino Unido.
Además, investigadores calcularon que para 2029 las megaconstelaciones representarán más del 40 % de toda la contaminación atribuida al sector espacial.
Aunque las concentraciones actuales aún están muy por debajo de niveles asociados con intervenciones deliberadas sobre el clima, conocidas como geoingeniería, la acumulación continua preocupa a los científicos.
Marais describió esta situación como un experimento de geoingeniería no regulado y a pequeña escala, con consecuencias ambientales potencialmente impredecibles.
Piden regulaciones antes de que el impacto aumente
Los investigadores advierten que el crecimiento de la industria espacial está avanzando más rápido que la capacidad científica para estudiar sus efectos.
“Necesitamos tomar mucho más en serio la regulación de la contaminación procedente de lanzamientos y reingresos”, señaló Marais. También pidió aumentar la financiación para investigaciones sobre contaminación atmosférica vinculada al sector espacial.
El estudio fue publicado el 13 de mayo en la revista científica Earth’s Future y plantea una advertencia: la carrera por llenar la órbita terrestre con miles de satélites podría traer consecuencias climáticas todavía poco comprendidas. (I)