Originalmente diseñado para la Fuerza Aérea, el avión YF-17 Cobra perdió una batalla histórica contra el famoso F-16 Fighting Falcon. Sin embargo, no fue descartado y demostró que perder una competencia no significa el fin, sino una oportunidad de convertirse en leyenda.
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Su diseño robusto y bimotor resultaba costoso para operar en tierra, pero era perfecto para el mar. Por ello, la Marina de Estados Unidos vio su potencial y le permitió renacer, hasta convertirse en la columna vertebral de la aviación naval durante décadas.
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¿Por qué el avión YF-17 Cobra terminó siendo clave para Estados Unidos?
En los años setenta, la Fuerza Aérea buscaba un caza ligero y económico para apoyar al pesado F-15 Eagle. La experiencia en Vietnam demostró la necesidad de aviones ágiles para el combate cercano y que los modelos antiguos carecían de maniobrabilidad, un motivo para dar paso al programa donde se enfrentaron el YF-17 de Northrop y el YF-16 de Lockheed Martin, indica el portal 1945.
Lamentablemente, el Cobra perdió la competencia en 1975. La Fuerza Aérea eligió al YF-16 por tener mejor aceleración, consumir menos combustible y ser más barato de operar por su único motor. En ese momento, el proyecto de Northrop parecía desaparecer tras ser rechazado por sus costos operativos.
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Sin embargo, la Marina debía reemplazar sus viejos aviones de combate y rechazaron al ganador F-16, ya que preferían la seguridad de tener dos motores para volar sobre el océano. El Congreso ordenó elegir entre los finalistas y el diseño robusto del YF-17 fue la solución ideal.
Para esta tarea, Northrop se alió con McDonnell Douglas para adaptar el prototipo al duro ambiente naval: reforzaron el fuselaje para soportar los lanzamientos por catapulta y los aterrizajes bruscos en portaaviones. Además, añadieron alas plegables y nuevos motores, transformando al ligero Cobra en una máquina de guerra resistente.
La decisión tuvo como resultado el nacimiento del F/A-18 Hornet, que voló por primera vez en 1978. Este avión se convirtió en el pilar de la aviación naval estadounidense y de sus aliados, demostrando que un diseño perdedor puede evolucionar hasta ser una de las armas más exitosas de la historia.
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