Dormir un descanso breve de 20 minutos durante la tarde puede traer importantes beneficios para el cerebro, especialmente a medida que se envejece. Investigaciones previas ya habían sugerido que este hábito puede ayudar a prevenir la reducción del volumen cerebral y a conservar funciones mentales clave relacionadas con la memoria y el aprendizaje.

La diferencia la marcó un estudio reciente publicado en la revista NeuroImage que refuerza esta idea al mostrar que incluso un descanso corto puede ofrecer ventajas similares a las de una noche completa de sueño. De acuerdo a los investigadores, el cerebro logra recuperarse parcialmente y mejorar su capacidad para absorber nueva información tras un período breve de desconexión.

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¿Qué encontró el estudio?

Según el estudio, tras descansar unos 45 minutos, las conexiones sinápticas, que son esenciales para la comunicación entre neuronas- se restauran y quedan mejor preparadas para procesar nuevos contenidos, algo que cobra mayor relevancia porque el cerebro permanece activo durante todo el día y puede llegar a un punto de saturación que dificulta seguir aprendiendo, reseña New York Post.

Los investigadores explican que este tipo de pausa mental deja que el cerebro se reinicie sin perder la información ya adquirida. Además, aclaran que tener problemas ocasionales para dormir no implica necesariamente un deterioro inmediato del rendimiento cognitivo o de la capacidad de aprendizaje.

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¿Qué recomiendan los expertos?

La recomendación de los expertos es que estos descansos sean cortos: el tiempo debe limitarse a unos 20 minutos, idealmente entre la 13:00 y las 15:00, ya que esto puede mejorar el estado de alerta y la función cognitiva sin provocar la llamada inercia del sueño, que genera sensación de pesadez y dificultad para reactivarse.

Se pueden obtener mejores resultados si se descansa en un ambiente fresco, oscuro y cómodo, preferiblemente en un sofá y no en la cama para evitar la prolongación del descanso más allá de lo necesario.

Asimismo, advierten que periodos más largos pueden tener efectos negativos, como aumento del índice de masa corporal, presión arterial elevada y mayor riesgo de trastornos metabólicos.

(I)

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