El papel higiénico, considerado durante décadas un producto básico, es uno de los elementos más contaminantes que usamos.

Nuevos estudios y cambios en hábitos de consumo están empujando a muchas personas a reducir su uso o incluso eliminarlo, reemplazándolo por métodos basados en agua, como bidés o simples botellas exprimibles.

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El mito del papel “ecológico”

Una investigación de la Universidad Estatal de Carolina del Norte analizó el impacto ambiental de distintos tipos de papel higiénico. El papel de bambú, promocionado como una opción más sostenible, puede generar una huella de carbono mayor que el papel tradicional.

Según el estudio, producir una tonelada de papel convencional en Estados Unidos genera alrededor de 1.824 kilogramos de dióxido de carbono equivalente. En cambio, el papel de bambú fabricado en China y transportado hasta ese país puede alcanzar los 2.400 kilogramos.

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Foto: Newland Bamboo

La diferencia no está tanto en el material, sino en cómo se produce. Las fábricas analizadas en China dependen en gran medida de energía basada en carbón, mientras que otras utilizan fuentes más limpias como biomasa o hidroeléctrica.

El estudio, publicado en Cleaner Environmental Systems, sugiere que el impacto ambiental del baño no depende tanto del material elegido, sino de cuánto se usa y cómo se produce.

Los investigadores señalan que el bambú no es, en sí mismo, más contaminante. El impacto depende del tipo de energía utilizada en su procesamiento y de la tecnología de secado.

Alternativas en uso

Mientras tanto, en muchas partes de Asia y el sur de Europa, el papel nunca ha sido el método principal. El uso de agua para la higiene personal es habitual, ya sea mediante bidés, duchas manuales o dispositivos adaptados al inodoro.

El uso de agua no solo reduce la cantidad de papel, sino también otros residuos asociados, como los tubos de cartón y los empaques plásticos. Además, evita problemas comunes en sistemas de alcantarillado.

Las toallitas húmedas, por ejemplo, suelen causar obstrucciones en tuberías, incluso cuando se comercializan como desechables. A diferencia del papel higiénico, muchas contienen fibras sintéticas que no se degradan fácilmente.

Usar menos papel, evitar opciones de alto procesamiento y considerar alternativas basadas en agua son algunas de las medidas más efectivas para reducir la contaminación. (I)