Cuando Emilie Karas compró en 2020 una antigua vivienda de seis habitaciones en Portland, Oregón, no imaginaba que terminaría construyendo un pequeño complejo habitacional en su patio.

Sin experiencia previa en construcción, tuvo que aprender rápidamente después de que el contratista que había contratado abandonara el proyecto durante la pandemia. Lo que empezó como una necesidad se convirtió en una oportunidad.

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La historia, reseñada por por www.businessinsider.com, es un ejemplo de creatividad para encontrar otras fuentes de ingresos.

Cortesía de Emilie Karas

Un año más tarde, la ciudad aprobó nuevas normas que permiten a los propietarios añadir hasta dos unidades de vivienda adicionales (ADU) y una pequeña casa sobre ruedas en terrenos residenciales.

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Karas vio la ocasión perfecta para ampliar su proyecto. Además de renovar la vivienda principal, decidió levantar dos unidades ADU, una sobre otra, y sumar una casa móvil totalmente equipada de 8 por 24 pies. Todo ello en un lote de apenas un cuarto de acre.

En la actualidad Emilie vive en la casa principal junto a su esposa, Ellie Johnson, y tres compañeros de vivienda.

Tres mini casa alquiladas a 4.550 dólares por mes

Las tres minicasas del patio están alquiladas, lo que le genera un ingreso mensual de 4.550 dólares.

Más allá de los números, Karas valora haber creado un espacio donde diferentes personas conviven en comunidad y acceden a viviendas más asequibles en una ciudad con fuerte escasez habitacional.

“Siempre me ha gustado vivir rodeada de gente. Es una forma de vida que disfruto y que muchas personas buscan”, afirma la propietaria de 38 años.

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Si bien las minicasas y unidades auxiliares están lejos de ser la solución definitiva a la crisis de vivienda, son una alternativa práctica para barrios con grandes terrenos residenciales.

Permiten a los inquilinos encontrar opciones más accesibles y a los propietarios aumentar el valor de sus propiedades y generar ingresos adicionales.

En el caso de Karas, la ADU de una habitación se alquila por 1.500 dólares al mes con servicios incluidos; la de dos habitaciones, por 1.850 dólares; y la casa rodante, por 1.200 dólares. Así ha convertido un terreno tradicional en un espacio compartido y rentable, al tiempo que aporta soluciones habitacionales en su comunidad.

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