Ponerle nombre al automóvil, sentir culpa al reemplazar un teléfono que funcionó durante años o tener apego por una mascota virtual es más común entre los humanos de lo que pensamos. Un estudio reciente sugiere que estas conductas responden a un mecanismo psicológico capaz de crear vínculos emocionales con entidades no humanas.
La investigación, publicada en la revista Emotion y liderada por Yen-Ping Chang, de la Universidad de Tasmania, analizó cómo el antropomorfismo, es decir, la tendencia a atribuir características humanas a objetos, máquinas o fenómenos naturales, influye en las emociones.
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Los resultados muestran que cuando las personas perciben que algo no humano tiene intenciones o voluntad, son más propensas a desarrollar sentimientos de gratitud, confianza y apego.
Más de 2.000 personas participaron en el estudio
El trabajo incluyó cinco experimentos realizados con más de 2.000 participantes en Estados Unidos.
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Los investigadores dividieron a los voluntarios en grupos y les presentaron distintos textos. Algunos describían computadoras, programas de inteligencia artificial o sistemas naturales como si tuvieran voluntad propia o capacidad de decisión. Otros recibieron explicaciones estrictamente técnicas.
Después, se evaluó cómo cambiaban sus emociones hacia esos elementos.
Las personas expuestas a descripciones más humanizadas mostraron una mayor tendencia a considerar a las máquinas como aliados o entidades con capacidad de responder, lo que incrementó sus sentimientos positivos hacia ellas.
Uno de los hallazgos más llamativos fue que la gratitud no parecía surgir únicamente porque algo resultara útil, sino porque las personas interpretaban que existía una intención positiva detrás.
Según Chang, percibir que una entidad “quiere ayudar” puede activar respuestas emocionales similares a las que aparecen en relaciones entre personas.
Esto significa que una computadora o sistema de inteligencia artificial podría generar emociones si alguien cree que actúa con cierta voluntad propia, aunque no exista conciencia real.
El fenómeno también influye en la relación con la naturaleza
Los investigadores observaron resultados similares con elementos naturales, como la selva amazónica o la corriente oceánica Kuroshio.
Quienes atribuían características humanas a estos ecosistemas mostraban una mayor disposición a apoyar acciones de conservación ambiental.
El estudio plantea que la gratitud podría funcionar como un puente entre percibir algo como “vivo” y sentirse motivado a protegerlo.
El riesgo del apego excesivo a la inteligencia artificial
Los autores también señalaron posibles efectos negativos.
La creciente interacción con asistentes virtuales o chatbots con nombres humanos podría favorecer vínculos emocionales intensos con tecnologías diseñadas para parecer cercanas.
Aunque los investigadores consideran que estos lazos no siempre son perjudiciales, recomiendan cautela respecto al nivel de inversión emocional hacia sistemas artificiales.
Los hallazgos sugieren que la tendencia humana a humanizar objetos no es solo una costumbre curiosa. También podría influir en cómo las personas cuidan el medioambiente, confían en tecnologías o construyen relaciones con herramientas basadas en inteligencia artificial. (I)