Científicos arrojaron ardillas terrestres dentro de un volcán tras una devastadora erupción en Estados Unidos. 43 años después, los resultados de su proyecto experimental son sorprendentes. Así lo reseñó la Universidad de California.
El hecho se remonta a 1980, cuando el Monte Santa Helena entró en erupción y la lava incineró todo ser vivo en los alrededores. Tras el enfriamiento de los escombros y la disipación de las cenizas, los conocedores concluyeron que las ardillas de tierra podrían ayudar a desenterrar bacterias y hongos beneficiosos y, por consiguiente, regenerar el ecosistema de la montaña. Dos años después, lo ejecutaron.
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¿Para qué los científicos arrojaron ardillas terrestres a un volcán?
“Estas interacciones bióticas pueden haber impulsado la sucesión ecológica en el paisaje volcánico, específicamente en Bear Meadow y Pumice Plain, al crear condiciones de microhábitat propicias para la sucesión primaria y el establecimiento de plantas”, explicó un estudio publicado por la revista Frontiers.
Uno de los investigadores participantes, Michael Adams, precisó que, en su momento, la prueba contemplaba una reacción a corto plazo, pero que no podían predecir un “efecto residual” 40 años después.
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En un terreno convertido en losas de piedra, el proceso de regeneración era lento y difícil. Se habrían soltado algunos topos locales y el resultado fue positivo en las parcelas en las que habían estado los animales, por el intercambio de nutrientes y recursos. Las zonas intactas permanecieron estériles.
“Salvo algunas malas hierbas, la mayoría de las raíces de las plantas no son lo suficientemente eficientes como para obtener por sí solas todos los nutrientes y el agua que necesitan. Los hongos transportan estos elementos a la planta y, a cambio, obtienen el carbono que necesitan para su propio crecimiento”, explicó Allen.
(I)