No todas las personas viven la jubilación de la misma manera. Mientras algunas la disfrutan como una etapa de libertad, otras tienen dificultades para adaptarse al cambio. Y aunque se suele pensar que quienes más la disfrutan son los que odiaban su trabajo, en muchos casos ocurre lo contrario.

Quienes mejor atraviesan esta etapa suelen ser personas que se sentían cómodas con lo que hacían, pero que nunca dejaron que su trabajo fuera lo único importante en sus vidas.

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El problema empieza mucho antes de jubilarse. Para muchas personas, el trabajo no es solo una actividad, sino una identidad. Cuando alguien responde “soy médico” o “soy ingeniero”, no solo describe lo que hace, sino cómo se ve a sí mismo.

Esa identificación profunda puede funcionar durante años, pero se vuelve un desafío cuando llega el retiro y ese rol desaparece.

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Foto: Freepik.

Investigaciones en psicología señalan que la jubilación es un proceso de transición de identidad. Es decir, no se trata solo de dejar de trabajar, sino de redefinir qué sentido tiene la vida en esa nueva etapa. Cuando toda la identidad está ligada al trabajo, ese cambio puede generar vacío, desorientación y dificultad para adaptarse.

Por eso, no basta con disfrutar el trabajo. La diferencia está en no convertirlo en el único eje de la vida. Las personas que atraviesan mejor la jubilación suelen haber cultivado otros aspectos durante su vida laboral. Tienen intereses fuera de su profesión, mantienen relaciones que no dependen del entorno laboral y encuentran sentido en actividades que no están ligadas a un salario.

Este equilibrio permite algo clave. Se puede valorar la trayectoria profesional sin depender de ella para definirse. En lugar de perder una identidad al jubilarse, estas personas amplían otras que ya existían.

Otro factor importante es la planificación. Estudios muestran que las personas que anticipan esta etapa y desarrollan actividades significativas, como hobbies o voluntariado, tienden a sentirse más satisfechas después de retirarse.

Incluso, algunas de las personas más satisfechas en la jubilación siguen trabajando, pero de forma distinta. Lo hacen por elección, con menos presión y en actividades que les resultan significativas.

En estos casos, el trabajo deja de ser una obligación y pasa a ser una forma de mantenerse activo y con propósito. (I)