Muchas personas adultas dicen que no son creativas, como si fuera una característica de personalidad fija. Sin embargo, la investigación en psicología sugiere que esa idea no suele nacer de una falta de talento, sino de experiencias concretas durante la infancia.

Varios estudios coinciden en que el cambio suele producirse en los primeros años escolares. Es el momento en que los niños pasan de crear sin reglas a hacerlo en entornos donde sus trabajos son evaluados, comparados o corregidos.

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Esa transición influye en cómo entienden lo que son capaces de hacer.

Foto: Shutterstock

En busca de aprobación

La diferencia entre evaluar y mostrar interés es más importante de lo que parece. Cuando un niño crea algo, no siempre busca aprobación. Muchas veces busca atención, pero no sobre el resultado, sino sobre la idea.

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La psicología distingue entre motivación extrínseca e intrínseca. La primera depende de recompensas externas, como elogios o calificaciones. La segunda nace del interés propio por explorar o expresar algo. En actividades creativas, la motivación intrínseca es la que sostiene el proceso.

Cuando el énfasis se pone en la aprobación externa, el objetivo cambia. Ya no se trata de crear, sino de hacerlo “bien”. Con el tiempo, eso genera miedo a equivocarse, autocensura y preferencia por lo seguro. En algunos casos, la consecuencia es dejar de crear por completo.

Según la psicóloga Carol Dweck, cuando los niños desarrollan una mentalidad fija sobre sus habilidades, tienden a interpretar la creatividad como una capacidad limitada. En ese contexto, cada actividad creativa se percibe como una prueba, lo que puede generar inseguridad y evitar que se siga explorando.

Efectos a largo plazo

El impacto de estas experiencias puede extenderse hasta la adultez. Muchas personas que se describen como “no creativas” evitan este tipo de actividades no por falta de capacidad, sino por la expectativa de ser evaluadas.

Además, los sistemas educativos basados en calificaciones pueden reforzar esta dinámica al priorizar resultados medibles sobre procesos individuales. Esto limita el desarrollo de habilidades creativas en contextos formales.

Especialistas coinciden en que una alternativa es centrar la atención en el proceso en lugar del resultado. Hacer preguntas sobre lo que una persona intenta expresar o cómo desarrolló una idea puede fomentar una relación más abierta con la creatividad. (I)