Platón, uno de los grandes filósofos de la Grecia clásica, dejó una reflexión que sigue citándose más de dos mil años después: <b>“La pobreza no viene por la disminución de las riquezas, sino por la multiplicación de los deseos”</b>. La frase no se refiere a la pobreza en un sentido material inmediato, sino a una condición moral y social ligada al desorden de las aspiraciones humanas.En la filosofía platónica, especialmente en <i>La República</i>, el deseo ocupa un lugar central en la organización de la vida individual y colectiva. Platón sostenía que una sociedad justa y una persona equilibrada son aquellas donde<b> la razón gobierna sobre los impulsos</b>. Cuando los deseos se multiplican sin límite, no importa cuántos bienes se posean: siempre habrá sensación de carencia. En ese contexto, <b>la pobreza es una experiencia interna antes que una realidad económica</b>.Para Platón, el problema no era la riqueza en sí, sino la falta de moderación. El filósofo advertía que una ciudad que convierte el lujo en norma y el consumo en aspiración permanente termina siendo inestable, conflictiva y, paradójicamente, más pobre. El aumento constante de deseos genera<b> competencia, frustración y desigualdad</b>, porque las necesidades dejan de ser finitas y razonables.Esta idea está conectada con el concepto griego de <i>sophrosyne</i>, la templanza o autocontrol, una virtud esencial para la vida ética. Quien aprende a limitar sus deseos puede vivir con menos y, al mismo tiempo, sentirse más pleno. En cambio, <b>quien persigue siempre más riqueza, estatus o placer queda atrapado en una lógica de insatisfacción permanente</b>.Platón no negaba la existencia de la pobreza real, pero advertía que una parte importante del malestar humano surge cuando los deseos crecen más rápido que la capacidad de satisfacerlos.En síntesis, la frase no propone renunciar a los bienes materiales, sino cuestionar una idea de riqueza basada en el deseo ilimitado. Para Platón, la verdadera abundancia no depende de cuánto se posee, sino de cuánto se necesita.