Las explosiones de prueba que Estados Unidos ejecutó en 1958 en la isla Runit, del atolón Enewetak en las Islas Marshall, soltaron materiales tóxicos que tardarían hasta 24.000 años para dejar de ser peligrosos.
Todos estos desechos nucleares fueron cubiertos por tierra y escombros contaminados, para luego ser tapados por una cúpula de 115 metros compuesta por hormigón, publicó Science Alert.
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Construida entre 1977 y 1980, se pensó como una solución temporal para evitar el esparcimiento de los materiales. No obstante, en 2020 un informe científico mencionó que hay fugas relativamente pequeñas en el cráter de la tumba radioactiva.
“Es una fuente pequeña en este momento, pero necesitamos monitorearla más regularmente para entender qué está sucediendo y hacer llegar los datos directamente a las comunidades afectadas en la región”, expuso TimesKen Buesseler, del Instituto Oceanográfico Woods Hole.
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Tumba radioactiva en las Islas Marshall
Según los expertos, siempre que el plutonio-239 permanezca bajo la cúpula, este no representará un problema para el Océano Pacífico. Aún así:
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“Dado que el nivel del mar está subiendo y hay indicios de que las tormentas se están intensificando, nos preocupa que la integridad de la cúpula pueda estar en peligro”, comentó el químico de la Universidad de Columbia, Ivana Nikolic Hughes.
En caso tal que se desprenda este material, “las consecuencias son potencialmente devastadoras”. A tan solo 32 kilómetros de la cúpula, hay una población de 300 kilómetros que estaría bajo total amenaza.
(I)
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