Jane Way, de 84 años, quien reside en un suburbio de Phoenix, Arizona y está en una silla de ruedas, asegura que trabaja 30 horas semanales como contadora para un orfanato sudafricano. En parte lo hace por necesidad económica, pero la gran moraleja de su historia es que al conseguir algo que realmente se disfrute, ella afirma que el trabajo dejará de sentirse como tal.