Nikola Tesla, inventor y físico de origen serbio-estadounidense, sostuvo a lo largo de su vida una visión particular del universo basada en la relación entre energía, frecuencia y vibración. Dentro de ese enfoque, una frase atribuida al científico: “si conocieras la magnificencia de los números 3, 6 y 9, tendrías la llave del universo”, ha generado interpretaciones que hoy vuelven a circular en ámbitos científicos, divulgativos y culturales.

Diversos testimonios señalan que Tesla aplicaba patrones numéricos en su vida cotidiana. Caminaba alrededor de edificios tres veces antes de ingresar, utilizaba 18 servilletas para limpiar sus utensilios y se hospedaba únicamente en habitaciones cuyos números fueran divisibles por tres. Estas conductas fueron interpretadas por algunos como superstición o posibles rasgos obsesivos, aunque otros sostienen que respondían a una convicción más profunda ligada a su forma de entender la naturaleza.

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Tesla consideraba que las matemáticas no eran una invención humana, sino un lenguaje universal presente en los fenómenos naturales. En ese marco, observaba patrones numéricos en estructuras del cosmos, procesos biológicos y sistemas energéticos, lo que lo llevó a interesarse especialmente por ciertas repeticiones vinculadas a los números 3, 6 y 9.

Parte de estas interpretaciones se apoyan en propiedades matemáticas asociadas al número 9 y su relación con el 3 y el 6, así como en el uso histórico del 360 como división del círculo. Este número, ampliamente divisible, fue adoptado por civilizaciones antiguas para medir el tiempo, el movimiento de los astros y la organización del espacio, aunque su elección sigue siendo motivo de debate entre matemáticos e historiadores.

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Investigadores contemporáneos y divulgadores han retomado estas ideas desde distintas perspectivas. El sistema conocido como Vortex Math, desarrollado por Marko Rodin, plantea patrones numéricos recurrentes en los que el 3, el 6 y el 9 ocupan un lugar distinto al resto de los números, al ser asociados con lo que describe como un “campo de flujo” energético.

Si bien estas teorías no cuentan con consenso científico, forman parte del legado simbólico que rodea a Tesla. Su interés por los números y los patrones matemáticos sigue siendo objeto de análisis, no solo por sus aportes tecnológicos, sino por la manera en que intentó comprender las leyes fundamentales que rigen el universo. (I)