Los satélites de la NASA han detectado incendios forestales activos en medio de paisajes cubiertos de nieve y hielo en el Ártico. Estas imágenes han sido descritas como “fuego en el hielo” y muestran cicatrices anaranjadas que rompen la aparente blancura del extremo norte, evidenciando un cambio acelerado en la región.

El hallazgo forma parte de una nueva evaluación del Programa de Monitoreo y Evaluación del Ártico, respaldada con datos satelitales, cuyo informe advierte que el Ártico se está calentando a un ritmo cuatro veces superior al promedio mundial, alterando nevadas, lluvias y secando los suelos, lo que facilita la propagación de incendios.

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Los sistemas de observación terrestre, como Landsat y los instrumentos MODIS de las misiones Terra y Aqua, han confirmado que los focos de fuego avanzan cada vez más hacia el norte, en ese sentido, los mapas comparativos entre 2002 y 2024 revelan una expansión sostenida y una migración de incendios hacia latitudes más altas, reseña Eco Noticias.

Mapa que muestra el número de incendios detectados por el instrumento MODIS de la NASA en los satélites Terra y Aqua entre 2002 y 2012 (amarillo) y entre 2012 y 2025 | Foto: Cortesía NASA

Las imágenes son más que impactantes postales espaciales

Para los científicos, cada registro permite cruzar datos con mediciones de calidad del aire y estudios de campo, lo que ayuda a distinguir entre un verano excepcional y una transformación estructural del clima ártico.

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La investigadora Jessica McCarty explica que, aunque el fuego siempre ha sido parte de los ecosistemas boreales, los incendios recientes se asemejan más a eventos extremos típicos de bosques templados o tropicales, lo que implica temporadas más largas, humo más denso y mayores riesgos para comunidades que antes no enfrentaban este tipo de amenazas.

Además, expertos como Brendan Rogers y Tatiana Loboda advierten que la intensidad creciente de las llamas puede liberar carbono almacenado durante milenios en la turba y el permafrost.

Según el Informe Ártico de la NOAA, algunas zonas de tundra ya han pasado de absorber carbono a emitirlo, reforzando un ciclo que acelera el calentamiento global y amplifica los efectos del “fuego en el hielo” mucho más allá del Polo Norte.

(I)

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