La Amazonía podría estar mucho más cerca de un colapso ecológico de lo que los científicos creían. Un nuevo estudio internacional advierte que incluso si el planeta logra mantener el calentamiento global dentro del límite de 1,5 °C establecido por el Acuerdo de París, la selva tropical más grande del mundo seguiría enfrentando un riesgo crítico debido a la deforestación.
La investigación, publicada en la revista científica Nature, sostiene que el problema no depende únicamente de las temperaturas globales. La pérdida continua de bosque está debilitando la capacidad natural de la Amazonía para resistir sequías y mantener su propio ciclo de lluvias.
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El estudio fue liderado por Nico Wunderling, del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático (PIK).
El bosque que produce su propia lluvia
La Amazonía funciona como un sistema climático propio. Los árboles absorben agua desde el suelo y la liberan a la atmósfera en forma de vapor. Ese vapor luego se condensa y vuelve a caer como lluvia en otras partes de la cuenca amazónica.
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Los científicos estiman que hasta la mitad de las precipitaciones de la selva depende de este proceso de reciclaje de humedad.
Pero cuando los árboles desaparecen, el mecanismo empieza a romperse. Menos bosque significa menos vapor de agua y, por tanto, menos lluvia. Eso aumenta las sequías y vuelve más vulnerable a la selva restante.
“La deforestación hace que la Amazonía sea mucho menos resistente de lo que anticipábamos”, señaló Wunderling.
Actualmente, alrededor del 17 % al 18 % de la selva amazónica ya ha sido destruida. Según el nuevo modelo climático, si la pérdida forestal alcanza entre el 22 % y el 28 %, combinada con temperaturas globales de entre 1,5 °C y 1,9 °C, entre el 62 % y el 77 % de la Amazonía podría degradarse y transformarse en ecosistemas similares a sabanas.
Un efecto que se expande a miles de kilómetros
Uno de los hallazgos más importantes del estudio es que la deforestación no afecta únicamente al área talada. La pérdida de árboles en una zona puede alterar las lluvias en regiones muy lejanas.
El equipo científico modeló cómo viaja realmente la humedad a través de la cuenca amazónica. Descubrieron que la desaparición de bosques en el este amazónico reduce el flujo de vapor de agua hacia otras regiones ubicadas más al oeste.
Arie Staal, coautor del estudio, explicó que la deforestación en una parte de la Amazonía puede secar bosques situados a miles de kilómetros de distancia.
Los investigadores encontraron que, incluso sin deforestación, cerca del 88 % de la pérdida de bosque ocurriría por efectos en cadena relacionados con la disminución de humedad. Cuando se añade la deforestación al modelo, esa cifra aumenta hasta el 99 %.
Las zonas más amenazadas se encuentran en el oeste y suroeste amazónico, regiones que dependen fuertemente de la humedad generada por otros sectores de la selva.
El punto de no retorno
Los científicos advierten que existe un “punto de inflexión” o punto de no retorno, en el que grandes partes de la Amazonía podrían perder definitivamente su capacidad de mantenerse como bosque húmedo tropical.
Según el estudio, el riesgo aparece cuando las lluvias anuales caen por debajo de ciertos niveles críticos y las sequías se intensifican durante la estación seca.
Hasta ahora, muchos modelos climáticos analizaban el calentamiento global y la deforestación como problemas separados. Sin embargo, esta nueva investigación concluye que ambos factores se potencian mutuamente.
Eso significa que el objetivo climático de limitar el calentamiento a 1,5 °C podría no ser suficiente para proteger la Amazonía si continúa la destrucción forestal.
Johan Rockström, coautor del estudio, advirtió que la deforestación está acercando a la Amazonía a un punto irreversible, aunque aseguró que todavía es posible evitarlo.
Recuperar la selva aún es posible
Pese a las advertencias, los investigadores sostienen que todavía hay margen para actuar. Frenar la deforestación y restaurar áreas degradadas podría ayudar a recuperar el ciclo de lluvias relativamente rápido, aunque la biodiversidad tardaría mucho más tiempo en reconstruirse.
Brasil y otros gobiernos sudamericanos se comprometieron a detener la deforestación amazónica para 2030. Además, Brasil anunció planes para restaurar unos 30 millones de acres de tierras degradadas.
Los autores del estudio concluyen que reducir emisiones globales sigue siendo importante, pero ya no basta por sí solo. La conservación directa del bosque amazónico se ha convertido en una condición esencial para evitar un colapso ecológico a gran escala. (I)